Prólogo
En
este libro Osho penetra en el alma misma del sufismo a través
de sus comentarios de un bellísimo poema del siglo XI de
Hakim Sanai llamado «Hadiqat», en árabe y «El
Jardin» en español. Esta obra contiene la fragancia
esencial del camino del amor.
Escrito en estado de iluminación, el poeta se lo dedicó
a Lai-Khur, un místico sufi, con quién súbitamente
comprendió que estamos hechos de amor. En el inicio de
esta vivencia, el estremecimiento iluminador le resultó
tan abarcante y pleno de comprensiones que se retiró a
descansar. En ese estado de amor escribió la obra.
De esta realización Osho nos dice: «Los libros así
no son escritos, nacen. Nadie los puede componer. No son fabricados
por la mente, vienen del más allá ... son un regalo.
Nacen tan misteriosamente como nace un niño, un pájaro
o una rosa. Nos llegan, son regalos».
Osho toma estas palabras benditas y las comenta y así como
Hakim Sanai encontró a Lai-Khur, nosotros podemos encontrar
esa misma esencia en Osho.
Sus palabras nos penetran con la dulzura de la miel y la sacudida
de un látigo, nos preparan, nos pulen y nos cocinan para
poder encontrar un amor que sea una apertura hacia nuestra alma.
A través de este poema Osho nos dice: ¡prepárense
para oír buenas noticias!
¿Cuál es esa bondad? Somos el tesoro de la creación,
su expresión más amada, y por cada cosa que la vida
toma de nosotros, nos serán devueltas setenta y si se nos
cierra una puerta se abrirán otras diez ... pero para obtener
una confianza real en esto la única posibilidad es experimentar.
Si queremos conocer China, Malasia o Kanguru ... tenemos que hacer
un largo viaje para llegar ¿Qué nos hace suponer
que no es lo mismo si queremos conocer nuestra alma?
Con cada capítulo vamos conociendo los pasos precisos para
ir de la mente al corazón, del corazón al océano
personal de nuestro ser.
Todos los maestros sufis dicen que cada uno de nosotros esta penetrado
por gotas del océano divino y Osho nos dice «recuérdenlo,
recuérdenlo y salgan del desierto ... renuncien al espejismo
del horizonte y vayan a sus océanos de dulzura y amor».
La pregunta podría ser ¿qué nos hizo olvidar?
¿Qué pasó? ¿Qué hace que no
nos estemos preguntando acerca de cómo ocurrió?
Para el sufi la respuesta es que no tenemos la suficiente confianza
en nosotros para que estas preguntas surjan de nuestro corazón.
Sabemos que el mundo que nos rodea está orientado a que
perdamos el interés en nuestra fuente original, entonces
¿dónde encontrar la fuerza para ir más allá
de esta limitación?
El buscador espiritual encuentra un camino, le da impulso a su
necesidad y se deja descubrir por un maestro que lo ayuda a que
su amor madure.
Estas serie de discursos muestra como en el sufismo el aprendizaje
de ser discípulo nos da las pautas para encontrar en nosotros
un amor que nos realiza como seres humanos.
El sufi es esencialmente un discípulo, él sabe que
no sabe lo que es la vida y tambien sabe algo fundamental: que
no puede saber. Aún asi ha aprendido a transformar su búsqueda
en encuentro. Anhela experimentar una y otra vez la llave maestra:
rendirse. Así gana confianza en sí mismo y logra
transformar su vivencia de aislamiento y tensión en comunión
y paz.
Investiga, explora e indaga en su conciencia y al aspirar comprender
lo que es la vida reconoce sus propios limites. Sabe que puede
obtener habilidad en el conocimiento de la técnica, la
ciencia, y quizás en el manejo de su mundo emocional, aun
así se confronta con valentía a un hecho ineludible:
para lograr un alma centrada necesita de la ayuda de un maestro.
Este encuentro nos muestra de modo evidente una cruda verdad:
no estamos en pie de igualdad ante el maestro ... y este saber
no nos disminuye.
Con un poco de inteligencia comprendemos que la relación
con él no es un club de debate. Con pruebas de fuego para
nuestro ego el maestro nos dice de muchas maneras: «no soy
tu abuelita» y con rosas y diamantes nos guía a movernos
con nuestras propias fuerzas.
Así el discípulo acepta con humildad su ignorancia,
abre el espacio inacabable de una eternidad sin fin, donde flota
su pequeñez y allí logra cubrirse de un saber empapado
con algo de la dulzura divina encarnada en su maestro.
Entonces reconoce lo que finalmente cuenta para salir de su prisión
interior quemando su basura personal: establecer una cooperación
con su maestro.
El sufi es ante todo un discípulo buscador de lo real que
ubica su horizonte en el tiempo subjetivo ... ese tiempo que lo
conduce hacia su alma, preñándolo de realización,
llenándolo de dicha y bendiciones.
El discípulo anhela derretirse de amor, sabe que esta es
su oportunidad, llora por la luz y clama por la verdad y en el
camino de rendirse llena su corazón de dulzuras y amarguras
y así aprende a aceptar lo que es.
Para el sufi las risas y las lágrimas, dentro del espacio
subjetivo, son una certeza de que no está sólo,
que la presencia de lo Único lo está rondando a
través de la compañía de su maestro. Por
eso busca no escapar de la vida para encontrar lo real.
Y así comienza a moverse en el tiempo del alma, en el espacio
de una interioridad pura y una forma de llamar al logro de este
centramiento es unión mística.
Entonces un día enamorado de su maestro con la pasión
y el agradecimiento del que sabe que recibió tanto que
le resulta imposible pensar que dio algo semejante ... ese día
deja que su corazón hable y exprese su canción de
amor que de muchas maneras dice: «Gracias amado maestro
estoy tan feliz de haberte encontrado ... gracias».
Este libro está hecho de los comentarios de Osho de la
canción de amor que el poeta Hakim Sanai le dedica a su
maestro. Aquí están los pasos del camino para comprender
el alma del sufismo.
Durante una de las mañanas en que Osho habló nos
dijo: «El sufi ama, el sufi ama todo, el sufi es amor …
ustedes son mis sufis» ... y si al leer esto tu corazón
se impacta, podrás entender de que estoy hablando.
Esta serie de discursos nos dan claves para llegar a recordar
con el corazón, día a día, nuestro destino
último en esta vida: aprender a amar.
Osho nos habla también del dolor y del impacto de perder
las certezas del corazón. En el libro del Amor, una selección
anterior de esta obra que aquí presentamos completa …
nos preguntábamos «¡¿cómo es
posible que el amor, esa apertura milagrosa llena de gracia que
rejuvenece el espiritu, impregna cada cosa, reanima, inspira,
ennoblece, revela, alivia, sutiliza, neutraliza, purifica, relaciona,
santifica, compadece … ese amor se convierta en una fuente
de desgracias?!»
Si estas preguntas nos siguen conmoviendo significa que nuestros
corazones no son de piedra, o que no estan bajo llave …
significa que podremos ser tocados por las palabras de este libro
... significa que una familiaridad de corazón a corazón
nos reúne a traves de ellas y así ... dejando de
ser extraños los unos con los otros … podremos recibir
las bendiciones de captar el mensaje.
La cualidad transformadora de estos discursos se debe a que tienen
el clima bendito que usaron los profetas para ablandar el corazón
de su gente, en esta atmósfera se genera una bondad tal
que nos permite unirnos en alma y corazón.
Las palabras aquí escritas fueron pronunciadas por Osho
entre el 1° de noviembre y el 20 de diciembre de 1978 y nos
fueron dadas por él como un collar de perlas de su Océano
Divino de Sabiduría, fueron trabajadas por nosotros para
esta edición en español durante los últimos
años, en intimidad y como un honor, ahora son de ustedes
… tómenlas en sus corazones y guárdenlas con
cuidado y amor.
Graciela Cohen
Ma Prem Nalini
Desde los altos de Luz de Luna
21 de marzo del 2004
Texto
Amado
Maestro ¿Por qué los Sufis dicen que el hombre es
una máquina?
El hombre es una máquina,
por eso. El hombre tal como es, es totalmente inconsciente. No
es otra cosa que sus hábitos, la suma total de sus hábitos.
El hombre es un robot. El hombre todavía no es un hombre:
a menos que la conciencia entre en tu ser, seguirás siendo
una máquina.
Por eso los Sufis dicen que el
hombre es una máquina. Es a partir de los Sufis que Gurdjieff
introdujo en Occidente la idea de que el hombre es una máquina.
Muy rara vez estás consciente. En todos tus setenta años
de vida, si vives la vida común, la así llamada
vida -sano y entero por dentro y por fuera, sin ningún
dolor de crecimiento, sin el dolor dentro de ti de «una
perla de suma belleza» que está creciendo- entonces
no conocerás ni siquiera siete momentos de conciencia en
toda tu vida.
Y aun si conoces esos siete momentos o menos, serán sólo
accidentales. Por ejemplo, podrás conocer un momento de
conciencia si alguien repentinamente viene y te pone un revolver
sobre el corazón. En ese momento tu pensamiento, tu pensamiento
habitual, se detiene. Por un momento te vuelves consciente porque
es muy peligroso, no puedes seguir dormido del modo corriente.
En una situación peligrosa te vuelves consciente. De no
ser así permaneces profundamente dormido. Eres perfectamente
hábil para hacer tus cosas de modo mecánico.
Párate simplemente a un costado del camino y observa a
la gente, y podrás ver que todos están caminando
dormidos. Son todos caminantes dormidos, sonámbulos. Y
así eres tú.
Dos vagabundos fueron arrestados
y acusados de un asesinato que se había cometido en el
barrio. La corte los encontró culpables y el juez los condenó
a ser ahorcados.
Ambos soportaron la situación bastante bien hasta que llegó
la mañana del día de la ejecución. Cuando
estaban siendo preparados para la horca, uno se volvió
hacia el otro y le dijo: «Maldición, parece que me
estoy volviendo loco. No puedo ni pensar. Ni siquiera sé
qué día de la semana es hoy.»
«Es un lunes», dijo el otro vagabundo.
«¿Lunes? ¡Dios mío! ¡Qué
manera podrida de empezar la semana!»
Simplemente obsérvate. Aun
a punto de morir la gente sigue repitiendo los viejos patrones
habituales. Ahora no habrá ninguna semana, llegó
la mañana en que van a ser colgados. Pero es simplemente
el viejo hábito: alguien dice que es lunes y tú
dices: «¿Lunes? ¡Dios mío! ¡Qué
manera podrida de empezar la semana!»
El hombre reacciona. Por eso los Sufis dicen que el hombre es
una máquina. A menos que empieces a responder, a menos
que te vuelvas responsable … la reacción viene del
pasado, la respuesta viene del momento presente. La respuesta
es espontánea, la reacción es sólo un viejo
hábito.
Simplemente obsérvate. Tu mujer te dice algo; entonces,
cualquier cosa que digas, observa, contémplalo. ¿Es
sólo una reacción? Y te sorprenderás: el
noventa y nueve por ciento de tus actos no son actos porque no
son respuestas, son sólo actos mecánicos. Nada más
que mecánicos.
Ha estado sucediendo una y otra vez: dices lo mismo y tu mujer
reacciona de la misma manera, y luego reaccionas tú, y
termina en lo mismo, una y otra vez. Tú lo sabes, ella
lo sabe, todo es predecible.
He oído:
«Papá», dijo un niño de diez años,
«¿Cómo empiezan las guerras?»
«Bueno hijo», empezó el papá, «digamos
que Estados Unidos tuviese una disputa con Inglaterra …»
«¡Estados Unidos no tiene una disputa con Inglaterra!»,
interrumpió la madre.
«¿Quién dijo que la tiene?», dijo el
padre, visiblemente irritado. «Sólo le estaba dando
al niño un ejemplo hipotético.»
«¡Ridículo!», bufó la madre. «Le
pondrás todo tipo de ideas equivocadas en la cabeza.»
«¡Ridículo nada!», replicó el
padre. «Si él te escucha nunca llegará a tener
idea de nada.»
Justo cuando se aproximaba la etapa de tirarse platos, el hijo
habló nuevamente. «Gracias mamá, gracias papá.
Nunca tendré que preguntar nuevamente cómo empiezan
las guerras.»
Simplemente obsérvate. Las
cosas que estás haciendo, las has hecho tantas veces …
Los modos en que reaccionas: es así como has estado reaccionando
siempre. En la misma situación haces siempre lo mismo.
Te sientes nervioso, sacas tu cigarrillo y empiezas a fumar. Es
una reacción; toda vez que te has sentido nervioso lo has
hecho.
Eres una máquina. Ahora es sólo un programa incorporado
en ti: te sientes nervioso, tu mano va hacia el bolsillo, sale
el paquete. Es casi como una máquina que hace cosas. Sacas
el cigarrillo, pones el cigarrillo en tu boca, enciendes el cigarrillo,
y todo esto sucede mecánicamente. Ha sido hecho millones
de veces, y lo estás haciendo otra vez.
Y cada vez que lo haces, se fortalece; la máquina se vuelve
más mecánica, la máquina se vuelve más
hábil. Cuanto más lo haces, menos conciencia se
necesita para hacerlo.
Por eso los Sufis dicen que el hombre funciona como una máquina.
A menos que empieces a destruir estos hábitos mecánicos
… Los Sufis tienen muchos métodos para destruirlos.
Por ejemplo, enseñan muchas estrategias. Dicen: haz algo
que sea exactamente lo contrario a lo que has hecho siempre.
Inténtalo. Vuelves a casa, tienes miedo, estás llegando
más tarde que nunca, y la esposa estará allí
lista para pelear contigo. Y estás planeando cómo
responder, qué decir: que hubo mucho trabajo en la oficina,
esto y aquello. Y ella sabe todo lo que tú estás
planeando, y sabe lo que vas a decir si te pregunta por qué
llegas tarde. Y sabes que si dices que llegas tarde porque había
mucho trabajo, ella tampoco te va a creer. Nunca te lo ha creído.
Puede ser que ya lo haya comprobado, puede ser que haya llamado
por teléfono a la oficina y ya haya preguntado dónde
estás.
Pero aun así, es sólo un patrón. Los Sufis
dicen: Hoy ve a casa y compórtate de un modo totalmente
diferente. Tu esposa te pregunta: «¿Dónde
has estado?» Y tú le dices: «Estuve haciendo
el amor con una mujer.» Y entonces observa qué pasa.
¡Ella estará impactada! No sabrá qué
decir, no tendrá manera ni de encontrar palabras para expresarlo.
Por un momento estará completamente perdida, porque no
puede aplicar ninguna reacción, ningún viejo patrón.
O quizás, si se ha vuelto demasiado una máquina,
dirá «¡No te creo!» tal como nunca te
ha creído. «¡Debes estar bromeando!»
He oído acerca de un psicoanalista
que le estaba diciendo a su paciente -le debe haber estado dando
una estrategia Sufi- «Hoy cuando llegues a casa …»
porque el paciente se quejaba una y otra vez. «Siempre tengo
miedo de volver a casa. Mi esposa se ve tan desdichada, tan triste,
siempre desesperada, que me empiezo a deprimir. Quiero escapar
de mi casa.»
El psicólogo le dijo: «Quizás tú eres
la causa de eso. Haz algo: hoy llévale flores, helado y
dulces a tu mujer, y cuando ella abra la puerta, abrázala,
dale un buen beso. Y luego inmediatamente empieza a ayudarla:
limpia la mesa, las ollas y el piso. Haz algo absolutamente nuevo
que nunca hayas hecho antes.»
La idea era atractiva y el hombre lo intentó. Fue para
su casa. En el momento en que la esposa abrió la puerta
y vio flores, helado y dulces, y este hombre sonriente que nunca
había estado riendo la abrazó, ¡no podría
creer lo que estaba pasando! Estaba en un shock total, no podía
creer lo que veían sus ojos: ¡quizás éste
sea otro! Tuvo que mirar otra vez.
Y luego cuando él la besó e inmediatamente empezó
a limpiar la mesa y fue hasta la pileta y empezó a lavar
las ollas, la mujer empezó a llorar. Cuando él terminó,
le dijo: «¿Por qué estás llorando?»
Ella dijo: «¿Te has vuelto loco? Siempre sospeché
que en cualquier momento te volverías loco. Ahora ha sucedido.
¿Por qué no vas y ves un psiquiatra?»
Los Sufis tienen estrategias así.
Dicen: Actúa de modo totalmente diferente y no sólo
los demás se sorprenderán, tú te sorprenderás.
Y sólo en cosas pequeñas. Por ejemplo, cuando estás
nervioso caminas rápido. No camines rápido, ve muy
despacio y verás. Te sorprenderás porque no encaja,
toda tu mente mecánica dice inmediatamente: «¿Qué
estás haciendo? ¡Nunca has hecho esto!» Y si
caminas despacio te sorprenderás: el nerviosismo desaparece,
porque has hecho entrar algo nuevo.
Estos son los métodos de vipassana y zazen. Si entras en
ellos profundamente, los fundamentos son los mismos. Cuando estás
haciendo vipassana caminando, tienes que caminar más lentamente
que nunca, tan lentamente que es absolutamente nuevo. Toda la
sensación es nueva y la mente reactiva no puede funcionar.
No puede funcionar porque no tiene un programa para eso, simplemente
deja de funcionar.
Es por eso que en vipassana te sientes tan silencioso al observar
la respiración. Siempre has respirado pero nunca lo has
observado; eso es algo nuevo. Cuando te sientas silenciosamente
y sólo observas tu respiración -entrando, saliendo,
entrando, saliendo- la mente se siente perpleja: ¿qué
estás haciendo? Porque nunca has hecho esto. Es tan nuevo
que la mente no puede brindar una reacción inmediata a
ello. De ahí que se vuelva silenciosa. El fundamento es
el mismo. No importa si es sufi, budista, hindú o musulmán.
Si entras profundamente en los fundamentos de la meditación,
entonces lo esencial es una sola cosa: cómo des-automatizarte.
Gurdjieff solía hacerles
cosas muy raras a sus discípulos. Llegaba alguien que siempre
había sido vegetariano y él le decía: «Come
carne». Ahora bien, es el mismo fundamento. Este hombre
es demasiado, ¡un poco excéntrico! Él decía:
«Come carne». Ahora, observa que pasa si un vegetariano
come carne. Todo el cuerpo quiere arrojarlo, quiere vomitar, y
toda la mente está perpleja y perturbada, y él empieza
a transpirar porque la mente no puede enfrentarse con eso.
Eso es lo que Gurdjieff quería ver, cómo reaccionarías
ante una situación nueva. Al hombre que nunca había
tomado alcohol Gurdjieff le decía: «Bebe. Bebe tanto
como puedas.»
Y al hombre que había estado bebiendo alcohol Gurdjieff
le decía: «Deja de beber por un mes. Deja completamente.»
Quería crear alguna situación que fuese tan nueva
para la mente que la mente simplemente quedase en silencio, no
tuviese respuesta para ello, no tuviese ninguna respuesta lista
para ello. La mente funciona como si fuese un loro.
Por eso los maestros Zen a veces golpearán al discípulo.
Ése es nuevamente el mismo fundamento. Ahora bien, cuando
acudes a un maestro no esperas que un Buda te golpee, ¿no?
Cuando acudes a Buda vas con la expectativa de que será
compasivo y amoroso, que derramará amor y pondrá
su mano sobre tu cabeza. Y este Buda te da un golpe, toma su bastón
y te golpea fuerte en la cabeza. Ahora, esto es un shock. ¿Buda
golpeándote? Por un momento la mente se detiene, no tiene
idea de qué hacer, no funciona.
Y ese no-funcionar es el comienzo. A veces una persona se ha iluminado
justamente porque el maestro hizo algo absurdo.
La gente tiene expectativas, la gente vive a través de
las expectativas. No sabe que los maestros no se ajustan a ningún
tipo de expectativas.
India estaba acostumbrada a Krishna y Rama, y a gente como ellos.
Entonces llegó Mahavira, y él se quedó desnudo.
No puedes imaginarte a Krishna desnudo; él usaba siempre
ropas hermosas, tan hermosas como fuese posible. Fue una de las
personas más hermosas que existieron alguna vez, solía
usar ornamentos hechos de oro y diamantes.
Y entonces repentinamente aparece Mahavira. ¿Qué
quería decir Mahavira estando desnudo? Le produjo un shock
a todo el país: ayudó a muchas personas a causa
de ese shock.
Cada maestro tiene que decidir
cómo causar un shock. Ahora, en India no han conocido a
un hombre como yo por siglos. Entonces, cualquier cosa que yo
haga, cualquier cosa que diga, es un shock. Todo el país
entra en shock, un gran estremecimiento corre por la columna vertebral
del país entero. Realmente lo disfruto, porque ellos no
pueden pensar …
Acabo de recibir una carta que dice: «Siempre pensamos que
estabas por encima de la política. Entonces, ¿por
qué has empezado a hablar de política?»
Es por eso, porque estoy por encima de ella. ¿Qué
otra persona puede hablar acerca de ella? Aquellos que están
en política no pueden hablar de ella: tienen mentalidad
partidaria.
El hombre que está en la cima de la colina tiene una visión
mucho mejor del valle que el que está abajo. El pájaro
que está volando puede ver todo lo que está sucediendo
en la tierra; tiene más perspectiva, más visión.
Puedo ver mejor porque ya no soy parte del valle. Puedo ver lo
que está pasando en el valle, puedo ver lo que está
pasando en Nueva Delhi porque estoy muy por encima de ello. Pero
la mente india tiene sus expectativas habituales. No se supone
que un santo hable de política. Pero de hecho, un santo
nunca sigue las expectativas de nadie.
No estoy aquí para cumplir con tus expectativas. Si cumplo
con tus expectativas nunca seré capaz de transformarte.
Estoy aquí para destruir todas tus expectativas. Estoy
aquí para darte un shock. Y en esta experiencia de shock
tu mente se detendrá. No serás capaz de explicártelo;
y es entonces cuando algo nuevo entra en ti.
Entonces, de vez en cuando digo algo que en India piensan que
no debería decir. Pero, ¿quién eres tú
para decidir qué debería decir y qué no debería
decir? Y naturalmente, cuando algo va en contra de sus expectativas,
reaccionan de inmediato de acuerdo con sus viejos condicionamientos.
Aquellos que reaccionan de acuerdo con sus viejos condicionamientos
no logran entender lo esencial. Aquellos que no reaccionan de
acuerdo con los viejos condicionamientos se vuelven silenciosos,
entran en un nuevo espacio.
Les estoy hablando a mis discípulos: estoy tratando de
golpearlos de este modo y de aquel otro modo. Es todo deliberado.
Los Sufis dicen que el hombre es
una máquina porque el hombre sólo reacciona de acuerdo
con los programas con los que ha sido alimentado. Empieza a comportarte
respondiendo, y entonces no serás una máquina. Y
cuando no eres una máquina, eres un hombre: entonces el
hombre ha nacido.
Mira, vuélvete alerta, observa, y sigue abandonando todos
los patrones reactivos que hay en ti. En todo momento trata de
responder a la realidad, no de acuerdo con la idea ya hecha que
hay en ti sino de acuerdo con la realidad tal como es allí
afuera. ¡Responde a la realidad! Responde con la totalidad
de tu conciencia pero no con tu mente.
Y entonces, cuando respondas espontáneamente y no reacciones,
nacerá la acción. La acción es hermosa, la
reacción es fea. Sólo un hombre de conciencia actúa,
el hombre inconsciente reacciona. La acción libera. La
reacción sigue creando las mismas cadenas, sigue haciéndolas
más gruesas, más duras y fuertes.
Vive una vida de respuesta y no
de reacción.
Fragmento del discurso 4
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