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UNION MISTICA, EL CAMINO SUFI

Indice

  • Prólogo
  • Discurso 1 - Puliendo el espejo del corazón
  • Discurso 2 - En el altar de lo real
  • Discurso 3 - Llorando por la luz
  • Discurso 4 - Una perla de suma belleza
  • Discurso 5 - La prueba de fuego
  • Discurso 6 - El puente del amor y la risa
  • Discurso 7 - Cocido y quemado
  • Discurso 8 - El gran palacio de la conciencia
  • Discurso 9 - Una boda y un velorio
  • Discurso 10 - Algo para ser recordado

 

Los discursos del 11 al 20 se pueden encontrar en "Sufismo - Unio Mystica"

   
   
 
   
   


Prólogo

 

En este libro Osho penetra en el alma misma del sufismo a través de sus comentarios de un bellísimo poema del siglo XI de Hakim Sanai llamado «Hadiqat», en árabe y «El Jardin» en español. Esta obra contiene la fragancia esencial del camino del amor.
Escrito en estado de iluminación, el poeta se lo dedicó a Lai-Khur, un místico sufi, con quién súbitamente comprendió que estamos hechos de amor. En el inicio de esta vivencia, el estremecimiento iluminador le resultó tan abarcante y pleno de comprensiones que se retiró a descansar. En ese estado de amor escribió la obra.
De esta realización Osho nos dice: «Los libros así no son escritos, nacen. Nadie los puede componer. No son fabricados por la mente, vienen del más allá ... son un regalo. Nacen tan misteriosamente como nace un niño, un pájaro o una rosa. Nos llegan, son regalos».
Osho toma estas palabras benditas y las comenta y así como Hakim Sanai encontró a Lai-Khur, nosotros podemos encontrar esa misma esencia en Osho.
Sus palabras nos penetran con la dulzura de la miel y la sacudida de un látigo, nos preparan, nos pulen y nos cocinan para poder encontrar un amor que sea una apertura hacia nuestra alma.
A través de este poema Osho nos dice: ¡prepárense para oír buenas noticias!
¿Cuál es esa bondad? Somos el tesoro de la creación, su expresión más amada, y por cada cosa que la vida toma de nosotros, nos serán devueltas setenta y si se nos cierra una puerta se abrirán otras diez ... pero para obtener una confianza real en esto la única posibilidad es experimentar.
Si queremos conocer China, Malasia o Kanguru ... tenemos que hacer un largo viaje para llegar ¿Qué nos hace suponer que no es lo mismo si queremos conocer nuestra alma?
Con cada capítulo vamos conociendo los pasos precisos para ir de la mente al corazón, del corazón al océano personal de nuestro ser.
Todos los maestros sufis dicen que cada uno de nosotros esta penetrado por gotas del océano divino y Osho nos dice «recuérdenlo, recuérdenlo y salgan del desierto ... renuncien al espejismo del horizonte y vayan a sus océanos de dulzura y amor». La pregunta podría ser ¿qué nos hizo olvidar? ¿Qué pasó? ¿Qué hace que no nos estemos preguntando acerca de cómo ocurrió? Para el sufi la respuesta es que no tenemos la suficiente confianza en nosotros para que estas preguntas surjan de nuestro corazón.
Sabemos que el mundo que nos rodea está orientado a que perdamos el interés en nuestra fuente original, entonces ¿dónde encontrar la fuerza para ir más allá de esta limitación?
El buscador espiritual encuentra un camino, le da impulso a su necesidad y se deja descubrir por un maestro que lo ayuda a que su amor madure.
Estas serie de discursos muestra como en el sufismo el aprendizaje de ser discípulo nos da las pautas para encontrar en nosotros un amor que nos realiza como seres humanos.
El sufi es esencialmente un discípulo, él sabe que no sabe lo que es la vida y tambien sabe algo fundamental: que no puede saber. Aún asi ha aprendido a transformar su búsqueda en encuentro. Anhela experimentar una y otra vez la llave maestra: rendirse. Así gana confianza en sí mismo y logra transformar su vivencia de aislamiento y tensión en comunión y paz.
Investiga, explora e indaga en su conciencia y al aspirar comprender lo que es la vida reconoce sus propios limites. Sabe que puede obtener habilidad en el conocimiento de la técnica, la ciencia, y quizás en el manejo de su mundo emocional, aun así se confronta con valentía a un hecho ineludible: para lograr un alma centrada necesita de la ayuda de un maestro.
Este encuentro nos muestra de modo evidente una cruda verdad: no estamos en pie de igualdad ante el maestro ... y este saber no nos disminuye.
Con un poco de inteligencia comprendemos que la relación con él no es un club de debate. Con pruebas de fuego para nuestro ego el maestro nos dice de muchas maneras: «no soy tu abuelita» y con rosas y diamantes nos guía a movernos con nuestras propias fuerzas.
Así el discípulo acepta con humildad su ignorancia, abre el espacio inacabable de una eternidad sin fin, donde flota su pequeñez y allí logra cubrirse de un saber empapado con algo de la dulzura divina encarnada en su maestro.
Entonces reconoce lo que finalmente cuenta para salir de su prisión interior quemando su basura personal: establecer una cooperación con su maestro.
El sufi es ante todo un discípulo buscador de lo real que ubica su horizonte en el tiempo subjetivo ... ese tiempo que lo conduce hacia su alma, preñándolo de realización, llenándolo de dicha y bendiciones.
El discípulo anhela derretirse de amor, sabe que esta es su oportunidad, llora por la luz y clama por la verdad y en el camino de rendirse llena su corazón de dulzuras y amarguras y así aprende a aceptar lo que es.
Para el sufi las risas y las lágrimas, dentro del espacio subjetivo, son una certeza de que no está sólo, que la presencia de lo Único lo está rondando a través de la compañía de su maestro. Por eso busca no escapar de la vida para encontrar lo real.
Y así comienza a moverse en el tiempo del alma, en el espacio de una interioridad pura y una forma de llamar al logro de este centramiento es unión mística.
Entonces un día enamorado de su maestro con la pasión y el agradecimiento del que sabe que recibió tanto que le resulta imposible pensar que dio algo semejante ... ese día deja que su corazón hable y exprese su canción de amor que de muchas maneras dice: «Gracias amado maestro estoy tan feliz de haberte encontrado ... gracias».
Este libro está hecho de los comentarios de Osho de la canción de amor que el poeta Hakim Sanai le dedica a su maestro. Aquí están los pasos del camino para comprender el alma del sufismo.
Durante una de las mañanas en que Osho habló nos dijo: «El sufi ama, el sufi ama todo, el sufi es amor … ustedes son mis sufis» ... y si al leer esto tu corazón se impacta, podrás entender de que estoy hablando.
Esta serie de discursos nos dan claves para llegar a recordar con el corazón, día a día, nuestro destino último en esta vida: aprender a amar.
Osho nos habla también del dolor y del impacto de perder las certezas del corazón. En el libro del Amor, una selección anterior de esta obra que aquí presentamos completa … nos preguntábamos «¡¿cómo es posible que el amor, esa apertura milagrosa llena de gracia que rejuvenece el espiritu, impregna cada cosa, reanima, inspira, ennoblece, revela, alivia, sutiliza, neutraliza, purifica, relaciona, santifica, compadece … ese amor se convierta en una fuente de desgracias?!»
Si estas preguntas nos siguen conmoviendo significa que nuestros corazones no son de piedra, o que no estan bajo llave … significa que podremos ser tocados por las palabras de este libro ... significa que una familiaridad de corazón a corazón nos reúne a traves de ellas y así ... dejando de ser extraños los unos con los otros … podremos recibir las bendiciones de captar el mensaje.
La cualidad transformadora de estos discursos se debe a que tienen el clima bendito que usaron los profetas para ablandar el corazón de su gente, en esta atmósfera se genera una bondad tal que nos permite unirnos en alma y corazón.
Las palabras aquí escritas fueron pronunciadas por Osho entre el 1° de noviembre y el 20 de diciembre de 1978 y nos fueron dadas por él como un collar de perlas de su Océano Divino de Sabiduría, fueron trabajadas por nosotros para esta edición en español durante los últimos años, en intimidad y como un honor, ahora son de ustedes … tómenlas en sus corazones y guárdenlas con cuidado y amor.


Graciela Cohen
Ma Prem Nalini
Desde los altos de Luz de Luna
21 de marzo del 2004Volver al índice

 


Texto
Amado Maestro ¿Por qué los Sufis dicen que el hombre es una máquina?

El hombre es una máquina, por eso. El hombre tal como es, es totalmente inconsciente. No es otra cosa que sus hábitos, la suma total de sus hábitos. El hombre es un robot. El hombre todavía no es un hombre: a menos que la conciencia entre en tu ser, seguirás siendo una máquina.

Por eso los Sufis dicen que el hombre es una máquina. Es a partir de los Sufis que Gurdjieff introdujo en Occidente la idea de que el hombre es una máquina. Muy rara vez estás consciente. En todos tus setenta años de vida, si vives la vida común, la así llamada vida -sano y entero por dentro y por fuera, sin ningún dolor de crecimiento, sin el dolor dentro de ti de «una perla de suma belleza» que está creciendo- entonces no conocerás ni siquiera siete momentos de conciencia en toda tu vida.
Y aun si conoces esos siete momentos o menos, serán sólo accidentales. Por ejemplo, podrás conocer un momento de conciencia si alguien repentinamente viene y te pone un revolver sobre el corazón. En ese momento tu pensamiento, tu pensamiento habitual, se detiene. Por un momento te vuelves consciente porque es muy peligroso, no puedes seguir dormido del modo corriente.
En una situación peligrosa te vuelves consciente. De no ser así permaneces profundamente dormido. Eres perfectamente hábil para hacer tus cosas de modo mecánico.
Párate simplemente a un costado del camino y observa a la gente, y podrás ver que todos están caminando dormidos. Son todos caminantes dormidos, sonámbulos. Y así eres tú.

Dos vagabundos fueron arrestados y acusados de un asesinato que se había cometido en el barrio. La corte los encontró culpables y el juez los condenó a ser ahorcados.
Ambos soportaron la situación bastante bien hasta que llegó la mañana del día de la ejecución. Cuando estaban siendo preparados para la horca, uno se volvió hacia el otro y le dijo: «Maldición, parece que me estoy volviendo loco. No puedo ni pensar. Ni siquiera sé qué día de la semana es hoy.»
«Es un lunes», dijo el otro vagabundo.
«¿Lunes? ¡Dios mío! ¡Qué manera podrida de empezar la semana!»

Simplemente obsérvate. Aun a punto de morir la gente sigue repitiendo los viejos patrones habituales. Ahora no habrá ninguna semana, llegó la mañana en que van a ser colgados. Pero es simplemente el viejo hábito: alguien dice que es lunes y tú dices: «¿Lunes? ¡Dios mío! ¡Qué manera podrida de empezar la semana!»
El hombre reacciona. Por eso los Sufis dicen que el hombre es una máquina. A menos que empieces a responder, a menos que te vuelvas responsable … la reacción viene del pasado, la respuesta viene del momento presente. La respuesta es espontánea, la reacción es sólo un viejo hábito.
Simplemente obsérvate. Tu mujer te dice algo; entonces, cualquier cosa que digas, observa, contémplalo. ¿Es sólo una reacción? Y te sorprenderás: el noventa y nueve por ciento de tus actos no son actos porque no son respuestas, son sólo actos mecánicos. Nada más que mecánicos.
Ha estado sucediendo una y otra vez: dices lo mismo y tu mujer reacciona de la misma manera, y luego reaccionas tú, y termina en lo mismo, una y otra vez. Tú lo sabes, ella lo sabe, todo es predecible.

He oído:
«Papá», dijo un niño de diez años, «¿Cómo empiezan las guerras?»
«Bueno hijo», empezó el papá, «digamos que Estados Unidos tuviese una disputa con Inglaterra …»
«¡Estados Unidos no tiene una disputa con Inglaterra!», interrumpió la madre.
«¿Quién dijo que la tiene?», dijo el padre, visiblemente irritado. «Sólo le estaba dando al niño un ejemplo hipotético.»
«¡Ridículo!», bufó la madre. «Le pondrás todo tipo de ideas equivocadas en la cabeza.»
«¡Ridículo nada!», replicó el padre. «Si él te escucha nunca llegará a tener idea de nada.»
Justo cuando se aproximaba la etapa de tirarse platos, el hijo habló nuevamente. «Gracias mamá, gracias papá. Nunca tendré que preguntar nuevamente cómo empiezan las guerras.»

Simplemente obsérvate. Las cosas que estás haciendo, las has hecho tantas veces … Los modos en que reaccionas: es así como has estado reaccionando siempre. En la misma situación haces siempre lo mismo. Te sientes nervioso, sacas tu cigarrillo y empiezas a fumar. Es una reacción; toda vez que te has sentido nervioso lo has hecho.
Eres una máquina. Ahora es sólo un programa incorporado en ti: te sientes nervioso, tu mano va hacia el bolsillo, sale el paquete. Es casi como una máquina que hace cosas. Sacas el cigarrillo, pones el cigarrillo en tu boca, enciendes el cigarrillo, y todo esto sucede mecánicamente. Ha sido hecho millones de veces, y lo estás haciendo otra vez.
Y cada vez que lo haces, se fortalece; la máquina se vuelve más mecánica, la máquina se vuelve más hábil. Cuanto más lo haces, menos conciencia se necesita para hacerlo.
Por eso los Sufis dicen que el hombre funciona como una máquina. A menos que empieces a destruir estos hábitos mecánicos … Los Sufis tienen muchos métodos para destruirlos. Por ejemplo, enseñan muchas estrategias. Dicen: haz algo que sea exactamente lo contrario a lo que has hecho siempre.
Inténtalo. Vuelves a casa, tienes miedo, estás llegando más tarde que nunca, y la esposa estará allí lista para pelear contigo. Y estás planeando cómo responder, qué decir: que hubo mucho trabajo en la oficina, esto y aquello. Y ella sabe todo lo que tú estás planeando, y sabe lo que vas a decir si te pregunta por qué llegas tarde. Y sabes que si dices que llegas tarde porque había mucho trabajo, ella tampoco te va a creer. Nunca te lo ha creído. Puede ser que ya lo haya comprobado, puede ser que haya llamado por teléfono a la oficina y ya haya preguntado dónde estás.
Pero aun así, es sólo un patrón. Los Sufis dicen: Hoy ve a casa y compórtate de un modo totalmente diferente. Tu esposa te pregunta: «¿Dónde has estado?» Y tú le dices: «Estuve haciendo el amor con una mujer.» Y entonces observa qué pasa. ¡Ella estará impactada! No sabrá qué decir, no tendrá manera ni de encontrar palabras para expresarlo. Por un momento estará completamente perdida, porque no puede aplicar ninguna reacción, ningún viejo patrón.
O quizás, si se ha vuelto demasiado una máquina, dirá «¡No te creo!» tal como nunca te ha creído. «¡Debes estar bromeando!»

He oído acerca de un psicoanalista que le estaba diciendo a su paciente -le debe haber estado dando una estrategia Sufi- «Hoy cuando llegues a casa …» porque el paciente se quejaba una y otra vez. «Siempre tengo miedo de volver a casa. Mi esposa se ve tan desdichada, tan triste, siempre desesperada, que me empiezo a deprimir. Quiero escapar de mi casa.»
El psicólogo le dijo: «Quizás tú eres la causa de eso. Haz algo: hoy llévale flores, helado y dulces a tu mujer, y cuando ella abra la puerta, abrázala, dale un buen beso. Y luego inmediatamente empieza a ayudarla: limpia la mesa, las ollas y el piso. Haz algo absolutamente nuevo que nunca hayas hecho antes.»
La idea era atractiva y el hombre lo intentó. Fue para su casa. En el momento en que la esposa abrió la puerta y vio flores, helado y dulces, y este hombre sonriente que nunca había estado riendo la abrazó, ¡no podría creer lo que estaba pasando! Estaba en un shock total, no podía creer lo que veían sus ojos: ¡quizás éste sea otro! Tuvo que mirar otra vez.
Y luego cuando él la besó e inmediatamente empezó a limpiar la mesa y fue hasta la pileta y empezó a lavar las ollas, la mujer empezó a llorar. Cuando él terminó, le dijo: «¿Por qué estás llorando?» Ella dijo: «¿Te has vuelto loco? Siempre sospeché que en cualquier momento te volverías loco. Ahora ha sucedido. ¿Por qué no vas y ves un psiquiatra?»

Los Sufis tienen estrategias así. Dicen: Actúa de modo totalmente diferente y no sólo los demás se sorprenderán, tú te sorprenderás. Y sólo en cosas pequeñas. Por ejemplo, cuando estás nervioso caminas rápido. No camines rápido, ve muy despacio y verás. Te sorprenderás porque no encaja, toda tu mente mecánica dice inmediatamente: «¿Qué estás haciendo? ¡Nunca has hecho esto!» Y si caminas despacio te sorprenderás: el nerviosismo desaparece, porque has hecho entrar algo nuevo.
Estos son los métodos de vipassana y zazen. Si entras en ellos profundamente, los fundamentos son los mismos. Cuando estás haciendo vipassana caminando, tienes que caminar más lentamente que nunca, tan lentamente que es absolutamente nuevo. Toda la sensación es nueva y la mente reactiva no puede funcionar. No puede funcionar porque no tiene un programa para eso, simplemente deja de funcionar.
Es por eso que en vipassana te sientes tan silencioso al observar la respiración. Siempre has respirado pero nunca lo has observado; eso es algo nuevo. Cuando te sientas silenciosamente y sólo observas tu respiración -entrando, saliendo, entrando, saliendo- la mente se siente perpleja: ¿qué estás haciendo? Porque nunca has hecho esto. Es tan nuevo que la mente no puede brindar una reacción inmediata a ello. De ahí que se vuelva silenciosa. El fundamento es el mismo. No importa si es sufi, budista, hindú o musulmán. Si entras profundamente en los fundamentos de la meditación, entonces lo esencial es una sola cosa: cómo des-automatizarte.

Gurdjieff solía hacerles cosas muy raras a sus discípulos. Llegaba alguien que siempre había sido vegetariano y él le decía: «Come carne». Ahora bien, es el mismo fundamento. Este hombre es demasiado, ¡un poco excéntrico! Él decía: «Come carne». Ahora, observa que pasa si un vegetariano come carne. Todo el cuerpo quiere arrojarlo, quiere vomitar, y toda la mente está perpleja y perturbada, y él empieza a transpirar porque la mente no puede enfrentarse con eso.
Eso es lo que Gurdjieff quería ver, cómo reaccionarías ante una situación nueva. Al hombre que nunca había tomado alcohol Gurdjieff le decía: «Bebe. Bebe tanto como puedas.»
Y al hombre que había estado bebiendo alcohol Gurdjieff le decía: «Deja de beber por un mes. Deja completamente.»
Quería crear alguna situación que fuese tan nueva para la mente que la mente simplemente quedase en silencio, no tuviese respuesta para ello, no tuviese ninguna respuesta lista para ello. La mente funciona como si fuese un loro.
Por eso los maestros Zen a veces golpearán al discípulo. Ése es nuevamente el mismo fundamento. Ahora bien, cuando acudes a un maestro no esperas que un Buda te golpee, ¿no? Cuando acudes a Buda vas con la expectativa de que será compasivo y amoroso, que derramará amor y pondrá su mano sobre tu cabeza. Y este Buda te da un golpe, toma su bastón y te golpea fuerte en la cabeza. Ahora, esto es un shock. ¿Buda golpeándote? Por un momento la mente se detiene, no tiene idea de qué hacer, no funciona.
Y ese no-funcionar es el comienzo. A veces una persona se ha iluminado justamente porque el maestro hizo algo absurdo.
La gente tiene expectativas, la gente vive a través de las expectativas. No sabe que los maestros no se ajustan a ningún tipo de expectativas.
India estaba acostumbrada a Krishna y Rama, y a gente como ellos. Entonces llegó Mahavira, y él se quedó desnudo. No puedes imaginarte a Krishna desnudo; él usaba siempre ropas hermosas, tan hermosas como fuese posible. Fue una de las personas más hermosas que existieron alguna vez, solía usar ornamentos hechos de oro y diamantes.
Y entonces repentinamente aparece Mahavira. ¿Qué quería decir Mahavira estando desnudo? Le produjo un shock a todo el país: ayudó a muchas personas a causa de ese shock.

Cada maestro tiene que decidir cómo causar un shock. Ahora, en India no han conocido a un hombre como yo por siglos. Entonces, cualquier cosa que yo haga, cualquier cosa que diga, es un shock. Todo el país entra en shock, un gran estremecimiento corre por la columna vertebral del país entero. Realmente lo disfruto, porque ellos no pueden pensar …
Acabo de recibir una carta que dice: «Siempre pensamos que estabas por encima de la política. Entonces, ¿por qué has empezado a hablar de política?»
Es por eso, porque estoy por encima de ella. ¿Qué otra persona puede hablar acerca de ella? Aquellos que están en política no pueden hablar de ella: tienen mentalidad partidaria.
El hombre que está en la cima de la colina tiene una visión mucho mejor del valle que el que está abajo. El pájaro que está volando puede ver todo lo que está sucediendo en la tierra; tiene más perspectiva, más visión.
Puedo ver mejor porque ya no soy parte del valle. Puedo ver lo que está pasando en el valle, puedo ver lo que está pasando en Nueva Delhi porque estoy muy por encima de ello. Pero la mente india tiene sus expectativas habituales. No se supone que un santo hable de política. Pero de hecho, un santo nunca sigue las expectativas de nadie.
No estoy aquí para cumplir con tus expectativas. Si cumplo con tus expectativas nunca seré capaz de transformarte. Estoy aquí para destruir todas tus expectativas. Estoy aquí para darte un shock. Y en esta experiencia de shock tu mente se detendrá. No serás capaz de explicártelo; y es entonces cuando algo nuevo entra en ti.
Entonces, de vez en cuando digo algo que en India piensan que no debería decir. Pero, ¿quién eres tú para decidir qué debería decir y qué no debería decir? Y naturalmente, cuando algo va en contra de sus expectativas, reaccionan de inmediato de acuerdo con sus viejos condicionamientos.
Aquellos que reaccionan de acuerdo con sus viejos condicionamientos no logran entender lo esencial. Aquellos que no reaccionan de acuerdo con los viejos condicionamientos se vuelven silenciosos, entran en un nuevo espacio.
Les estoy hablando a mis discípulos: estoy tratando de golpearlos de este modo y de aquel otro modo. Es todo deliberado.

Los Sufis dicen que el hombre es una máquina porque el hombre sólo reacciona de acuerdo con los programas con los que ha sido alimentado. Empieza a comportarte respondiendo, y entonces no serás una máquina. Y cuando no eres una máquina, eres un hombre: entonces el hombre ha nacido.
Mira, vuélvete alerta, observa, y sigue abandonando todos los patrones reactivos que hay en ti. En todo momento trata de responder a la realidad, no de acuerdo con la idea ya hecha que hay en ti sino de acuerdo con la realidad tal como es allí afuera. ¡Responde a la realidad! Responde con la totalidad de tu conciencia pero no con tu mente.
Y entonces, cuando respondas espontáneamente y no reacciones, nacerá la acción. La acción es hermosa, la reacción es fea. Sólo un hombre de conciencia actúa, el hombre inconsciente reacciona. La acción libera. La reacción sigue creando las mismas cadenas, sigue haciéndolas más gruesas, más duras y fuertes.

Vive una vida de respuesta y no de reacción. 

Fragmento del discurso 4

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