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SUFISMO - UNIO MYSTICA

Los discursos del 1 al 10 se pueden encontrar en "Unión Mística, el camino sufi"

Índice

  • Prólogo
  • Discurso 11 - En la calle de los suspiros
  • Discurso 12 - Venciendo al Buda
  • Discurso 13 - La muerte de la semilla
  • Discurso 14 - Un campo de Buda en primavera
  • Discurso 15 - El pastor olvidado
  • Discurso 16 - Volviendo a Eros
  • Discurso 17 - La explosión sagrada
  • Discurso 18 - Morir con asombro
  • Discurso 19 - Más allá de la sombra
  • Discurso 20 - Nos volveremos a encontrarnos

   
   
 
   
   

Prólogo


Con esta publicación completamos los comentarios de Osho de un bellísimo poema del siglo XI llamado “El Jardín amurallado de la verdad”, conocido en árabe como “Hadiqat”o “El Jardín” en español.
Dedicado a su maestro Laikur, fue escrito por el poeta y místico Hakim Sanai en un estado espiritual, conocido para el mundo del sufismo como fana, o absorción en lo supremo.
Las palabras aquí escritas fueron vertidas por Osho en ese estado y nos recuerdan que más allá del éxito o el fracaso, en lo más profundo de nuestro ser hay un lugar que trasciende los sucesos, ese lugar es el Hadiqat, allí va dirigido su mensaje.
Con un lenguaje claro y directo, en sintonía con el multifacético nivel de su audiencia, y ahora de sus lectores, Él se dirige a todos, no quiere que sus palabras se la lleve el viento, quiere que lleguen hasta nuestros corazones.
Estos discursos nos ayudan a la tarea fundamental que debe realizar todo buscador espiritual, ir de la cabeza al corazón, de los otros a nuestra interioridad. Ser un sufi es haber adquirido el vasto cielo de esta especial cualidad de consciencia. Para hacer esa conversión, es necesario adquirir la temida confianza de ir permanentemente transformando la oscuridad en luz, el miedo en amor, la soledad en compañía.
Esta obra nos lleva directamente por ese camino a la esencia del Sufismo. Mi tarea como terapeuta se ve inspirada y enriquecida con ella al encontrar nuevos apoyos para comprender el peligro más radical de este tiempo: la vida transformada en muerte.
El malestar, hecho de soledad, desconexión y olvido, de aquello que no sabemos que olvidamos; que en el mundo de la psicología se conoce como depresión, encuentra aquí un diagnóstico y su cura.
Osho nos dice simplemente que el odio de Thanatos, nuestra fuerza destructiva, no es otra cosa que la frustración del amor de Eros, nuestra fuerza vital; que al verse interrumpida en su camino de realización se desintegra. De ahí la urgente necesidad de abrirnos nuevamente a la energía del amor, que todo lo sana, que todo lo impulsa y que todo lo sostiene.
En la travesía que nos propone, somos llevados a trascender y evolucionar como la consecuencia natural de saciar nuestras necesidades. Para esto nos invita a asumir con valentía nuestros anhelos, deshaciendo ideales religiosos y vergüenzas. De este modo el viaje de ir “más allá de la familia, el sexo, el dinero, o el prestigio” se transforma en una travesía abarcante plena de contenidos.
Osho nos pide que seamos pacientes con aquello que nos desagrada rescatando la energía del impacto y a su vez nos muestra como una rebeldía genuina es nuestro escudo contra todas las ideas y prácticas del pasado que intenta impedir nuestra realización hacia el futuro.

De este modo real, libre de falsas promesas y esperanzas, entramos nuevamente por la puerta principal a la vida: el amor hacia nosotros mismos. Un amor libre de autoengaños, y autodefiniciones. Un amor abierto que nos permite deslizarnos a zonas inexploradas, a formas desconocidas; un amor que nos recrea como guardianes del don de la vida y que nos impulsa a salir de la enfermedad del aislamiento, construida en base a falsedad, desconsideración y olvido. Esta es la cura que se nos ofrece en la unio mystica.

Osho nos va dando sutilmente en cada discurso líneas para dibujar el diseño de una Psicología Sagrada. Trabaja en los nudos que hay dentro nuestro hechos del rechazo al desarrollo de los procesos psicológicos y espirituales, los disuelve y desenlaza con el poder de una fuerza neutralizante: su mirada de amor. A todos aquellos que se acercan con el corazón los ayuda a derretir el hielo de la separación.

Estos discursos no son sólo una bendición sino que contienen la semilla de una iniciación del sendero Sufi, nos guían a través de su claridad a transformar la visión impura en visión pura y de ahí a la transmisión. Con su compañía podemos llegar nuevamente, de forma precisa y preciosa, a tierra segura.
Una vez allí nos impulsan a no dormirnos al recordarnos que a menos que algo de lo supremo se vuelva una indagación y no una especulación, la vida se convertirá en muerte. Nos despiertan de nuestro sueño infantil de ver a Dios como una persona o una entidad y de este modo nos deslizamos por nuestra autoridad interior hacia la más sutil de las comprensiones.
Solamente un corazón despierto que conoce la danza de la muerte y el asombro por su propio esfuerzo, puede mirar con la claridad necesaria para saber que Dios es una Presencia que se manifiesta cuando se disuelve la separación.
Osho nos indica con indescriptible bondad que lo Supremo vive en la unión, que Dios es la unión y que toda vez que sentimos una ligazón estamos creándolo y siendo recreados, estamos viviendo en tajalli, manifestando a Dios.
También nos muestra en sus respuestas que hay tantas puertas a Él como personas existen, indicándonos una dirección definitiva: Dios no puede ser enseñado tiene que ser captado por cada uno, y para llegar a este logro es necesaria una tremenda sed por la Verdad.
Los Maestros Sufis dicen que un ser despierto se transforma cuarenta veces en un día y un ser dormido se transforma una vez cada cuarenta años. La diferencia está dada en la apertura, el ser despierto vive en consonancia con el momento, refrescándose, entregándose y nutriéndose a cada momento, está empapado del instante; en cambio el ser dormido viaja en sus sueños vacilantes.
Los que podemos reconocer algo de la diferencia entre un estado y el otro, sabemos que aunque caigamos una y otra vez, la capacidad de estar despiertos sigue perteneciéndonos; y el que asume el sendero del discípulo, tarde o temprano se repone.

En el camino del sufismo caerse y levantarse es el movimiento humano natural, nos nuestra un límite y una intención, por eso como estudiantes siempre podemos recordar la compañía y encontrar fuerza para sobreponernos, habitando un universo hecho con la energía de la absorción: nuestra intimidad con el Maestro. Siendo contagiados de consciencia comprendemos una dimensión misteriosa e incuestionable: podemos crear puentes de conexión con Él, podemos llamarlo, pedir por su ayuda, entregarle nuestros problemas, nuestras preguntas y nuestro corazón.
Los sufis lo llaman mehded, un encuentro de corazón a corazón con el Maestro, una unidad donde el discípulo nunca está solo, ni en el desierto ni en el mar, ni siendo el único ni el último ser sobre la tierra. En la sutil profundidad de esta relación, actúa la medicina que cura nuestra vivencia de soledad, principio de todas nuestras dificultades y sufrimientos.
El Maestro también nos cura por contagiarnos con su coraje y alegría, nos recuerda nuestras capacidades y una moral impregnada de crecimiento vital, acorde con nuestra naturaleza; de esta forma nos prepara para madurar al sentimiento de ser elegidos y sentirnos, a su vez, co-creadores del juego eterno de la vida.
Osho, conocedor de las Realidades Divinas que están escondidas para el resto, las hace comprensibles mostrándonos el camino más alto: la visión de la Unidad.
Así como lo común es hablar para una audiencia donde se comparte una perspectiva, Osho habla para todo aquel que lo necesite, personas de diferentes orígenes y niveles de vida; todos encuentran su amistad y algunos se convierten en discípulos.
Estos serán impulsados a encontrar “el camino sin camino”, el sendero que los conducirá a un bosque nutrido de sabia virgen repleto de tesoros, y así como cada uno tiene su propia y única forma, de acuerdo a sus características y capacidades, también cada uno tendrá su tarea que cumplir en un universo colectivo donde “cada cosa es infinitas cosas” como nos dijo Borges.
Si miramos lo que nos rodea en la tierra como lo que nos abarca en el cielo, solo veremos diferentes formas todas reunidas en el contexto de los contextos: la gran unidad.
Esta obra es una invitación permanente a deleitarte en esta sintonía, es la segunda parte de los discursos completos publicados bajo el titulo de Unio Mystica, cada volumen puede leerse por separado ya que si somos permeables siempre seremos encontrados por la Palabra.
En medio de la catástrofe, Osho sigue haciendo el trabajo de rescatar sobrevivientes, dejándolos en un lugar seguro y en la posición más firme para ir hacia la peregrinación eterna ... donde nos encontraremos una y otra vez, y otra vez moviéndonos hacia zonas desconocidas, danzando y cantando en una interminable caravana de deleite, asombro y celebración.
Todo mi amor y hasta la próxima.

Graciela Cohen
Ma Prem Nalini

Desde los altos de Luz de Luna
21 de marzo del 2005
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Osho, ¿qué estoy buscando?

El hombre es una búsqueda del Yo, no un yo sino el Yo. El hombre está buscando constantemente el paraíso perdido; en algún lugar, en lo profundo de los seres humanos, persiste la nostalgia. Hemos conocido algo que ahora es sólo un recuerdo muy distante. Este recuerdo ni siquiera es consciente, le hemos perdido la pista, no sabemos dónde está. Pero la fragancia sigue apareciendo.
Entonces, la religión no es un fenómeno accidental. No va a desaparecer del mundo. Ningún comunismo, ningún fascismo puede hacerla desaparecer. La religión seguirá existiendo porque es esencial. A menos que un hombre sobrepase a la humanidad, a menos que un hombre se convierta en un Buda, la religión sigue siendo relevante. Sólo para un Buda la religión es irrelevante. Él ha llegado, ahora no necesita hacer búsqueda alguna.
No hay búsquedas diferentes para diferentes seres humanos. La búsqueda es única, es una, es universal. Es la búsqueda del Yo, el Yo supremo. Uno quiere saber: “¿Quién soy yo?”, porque todo lo demás es secundario. Sin conocerse a sí mismo cualquier cosa que uno haga carece de propósito. A menos que sepa exactamente quién soy, toda mi vida será fútil. No dará fruto, no florecerá, no tendrá plenitud.

El primer paso tiene que ser el autoconocimiento. Pero la paradoja es que si empiezas a buscar un yo te perderás el Yo. Al decir “un yo” me refiero al ego, al proceso de “egoar”. Ése es un yo falso; como no podemos encontrar el Yo verdadero, empezamos a crear el falso, sólo para consolarnos. Es un sustituto. Pero el sustituto nunca puede volverse la verdad, el sustituto se vuelve una atadura.
La verdad libera. Los sustitutos de la verdad crean prisiones. El ego es la prisión más grande que el hombre ha inventado hasta ahora. Todos se sienten sofocados, aplastados. No es que alguien te lo esté haciendo, tú mismo te lo estás haciendo. Has dado un paso equivocado. En vez de buscar lo que es, has empezado a sustituirlo por algo: por un juguete, por una cosa falsa. Podrá consolarte pero no puede traer celebración a tu vida. Y todo consuelo es suicida porque mientras permaneces consolado el tiempo se te va escurriendo de las manos.
El Yo no es un yo. El Yo es exactamente un no-yo: en él no hay idea de “yo”, es universal. Todas las ideas surgen en él, pero no puede ser identificado con ninguna de las ideas que surgen en él. Todas las ideas surgen en él, todas las ideas se disuelven en él. Es el cielo, el contexto de todos los contextos, es el espacio en el que todo sucede. Pero el espacio mismo nunca sucede: permanece, está siempre allí, y dado que está siempre allí, es fácil perdérselo. Dado que está allí tanto y está allí siempre, nunca te das cuenta de su presencia.

Es como el aire, no te das cuenta de su presencia. Es como el océano que rodea al pez: el pez nunca toma conciencia de él. Es como la presión del aire: la presión es tanta y siempre ha estado allí... pero no te das cuenta. Es como la gravedad: es tanta... pero no te das cuenta. Es como la Tierra dando vueltas y vueltas a gran velocidad alrededor del sol: la Tierra es una nave espacial pero nadie se da cuenta. Estamos a bordo de una nave espacial y está andando a gran velocidad. Pero no nos damos cuenta.

La conciencia necesita de algunas brechas. Cuando no hay brechas te quedas dormido; no puedes permanecer consciente.
Si uno siempre ha sido sano, no será consciente de la salud. La conciencia necesita brechas: a veces no deberías estar sano, deberías enfermarte, entonces podrías saber de qué se trata la salud. Si en el mundo no hubiese oscuridad y sólo hubiese luz, nadie habría conocido jamás la luz; la gente se la habría perdido.
Es así como nos seguimos perdiendo el Yo original, puedes llamarlo Dios o nirvana, no importa. Los Sufis tienen dos palabras hermosas. Una es fana, fana significa disolver el ego, disolver el sustituto falso. Y la otra palabra es baqa, baqa significa la llegada, el surgimiento del Yo real.

El Yo real es universal. ¿Cómo encontrarlo? No está lejos, entonces no tienes que hacer un largo viaje hasta él. Está tan cerca que no se necesita viaje alguno. Está dentro de ti. En vez de viajar tendrás que aprender a sentarte en silencio.

De esto se trata la meditación: sentarse en silencio sin hacer nada. Surgen pensamientos: tú los observas. Surgen deseos: tú los observas. Permaneces como observador. No te conviertes en una víctima de los deseos y pensamientos que están surgiendo; permaneces como observador. Permaneces como el contexto de todos los contextos, permaneces como el espacio ante el cual todo aparece. Pero el espacio nunca aparece ante sí mismo, no puede, es imposible.

El espejo no puede reflejarse a sí mismo, los ojos no se pueden ver a sí mismos. No puedo agarrar mi mano con la misma mano, es imposible.
Esto es lo más fundamental que hay que recordar. Tú eres el observador y nunca lo observado, tú eres el testigo y nunca lo testimoniado. Eres pura subjetividad. Nunca apareces como objeto... ¿cómo puedes aparecer como objeto frente a ti mismo? Cualquier cosa que aparezca frente a ti, no eres tú.

Sigue eliminando los contenidos. Sigue diciendo: “Neti, neti, no soy esto, no soy eso.” Sigue eliminando, y llega un momento en que no queda nada por eliminar. Hay puro silencio: ningún contenido se mueve frente a ti, el espejo no refleja nada. Ese es el momento en que el autoconocimiento surge en ti. Te vuelves iluminado.
Entonces debes recordar estas cosas fundamentales: el Yo es un no-yo. El Yo no es personal, es universal. El Yo es el espacio o contexto en el que aparece, ocurre, surge todo lo “posicional” en la vida. Es la pantalla de la vida, pero la pantalla misma nunca aparece en la pantalla, no puede hacerlo. Todo lo demás aparece sobre ella, ella misma permanece oculta. Es subjetividad pura.
Esta subjetividad pura es la meta última que todos están buscando. Pero parece difícil. Somos muy propensos a identificarnos con los contenidos. Entonces, en vez de buscar lo real creamos algo irreal, lo cual es fácil. Lo artificial siempre es fácil, puedes fabricarlo.
Tu ego es un fenómeno fabricado. Y una vez que has fabricado el ego... ¿Cómo se fabrica el ego? “Soy hindú”: ahora estás en camino de crear un ego. “Soy hermoso, soy inteligente, soy esto, soy aquello.” Estás trayendo más y más ladrillos para construir la prisión llamada ego.
Y eso es lo que seguimos haciendo durante toda nuestra vida. Gana más dinero, ten una cuenta bancaria más grande, y tu ego se sentirá más arraigado, más sostenido, más seguro. Vuélvete famoso: cuanta más gente te conozca, más grande pensarás que eres.

De ahí viene la constante búsqueda de atención. Si nadie te presta atención, te ves reducido a nada. Si caminas por la calle y nadie te saluda, si la gente pasa a tu lado sin ni siquiera notarte, repentinamente empiezas a sentir que la tierra desaparece bajo tus pies.
¿Qué ha pasado? Que ellos no están alimentando tu ego. Las personas alimentan el ego de los demás porque es así como ellas mismas pueden ser alimentadas. Alguien dice: "¿Cómo estás?" Realmente está diciendo: “Pregúntame a mí cómo estoy.” Simplemente está pidiendo gratificación mutua. Y las personas se gratifican unas a otras. Nos sostenemos el ego mutuamente: alguien te alaba, tú lo alabas en retribución.
Eso es lo que llamamos sociedad. Depende de las satisfacciones mutuas; y la mayor de las satisfacciones parece ser la gratificación del ego.
De ahí que la gente esté tan interesada en la política, porque la política puede gratificarte como ninguna otra cosa. Si te vuelves políticamente poderoso todo el país estará en tu poder, todo el país tendrá que prestarte atención. Puedes imponer tu voluntad sobre la gente, tienes poder.
El poder de un político es el poder de la violencia. Ahora controla todo el mecanismo de la violencia, controla a la policía, controla al gobierno, a los militares, controla todo. Puede imponer su voluntad sobre ti. Es por eso que los políticos tarde o temprano tienden a volverse violentos. En el fondo los políticos ansían las guerras porque sólo en las guerras un político se vuelve un “gran” político. Si miras la historia te darás cuenta de esto.
Winston Churchill no habría sido un líder tan grande si no hubiese habido una Segunda Guerra Mundial. Ni Adolf Hitler habría tenido tanto poder si no hubiese habido una Segunda Guerra, ni tampoco Mussolini. La guerra creó el contexto: pudieron ser tan violentos como fue posible. Pudieron masacrar gente, asesinar gente de a millones.
La gente presta atención inmediatamente cuando eres violento. Si vives una vida pacífica ningún periódico publicará una nota sobre ti en toda tu vida. Pero si matas a alguien o te suicidas, inmediatamente estarás en los periódicos.

Hace pocos días, el Reverendo Jones se suicidó junto con sus novecientos discípulos. Nunca antes habías oído hablar de ese pobre hombre, nadie sabía que existía alguien así. Ahora todo el mundo sabe.
Ellos habían vivido en esa comuna durante muchos años pero nadie les había prestado atención. Es posible que si les hubieran prestado atención, quizás no hubiesen tenido que recurrir a un extremo tal, quizás no se hubiesen suicidado. Éste fue su modo de hacer que todo el mundo sintiese su presencia: es un modo muy patológico, muy feo, pero es el mismo fenómeno otra vez. La gente está buscando el ego: si no lo pueden encontrar siendo creativos, lo encontrarán siendo destructivos. Si no lo pueden encontrar siendo un gran santo, lo encontrarán siendo un gran pecador.
Alguien le preguntó a George Bernard Shaw: “¿Adónde te gustaría ir cuando mueras, al cielo o al infierno?” Él dijo: “Depende.”
“¿Que quieres decir con ‘depende’?”
Él dijo: “Si en el cielo voy a ser el primero, entonces al cielo. Si allí voy a ser el segundo, entonces no. Entonces es mejor estar en el infierno pero ser el primero.”
Él está bromeando pero está diciendo una verdad, una verdad acerca de ti, una verdad acerca de toda la humanidad, acerca del modo en que ésta vive por su ambición, por su “egoar”.Recuerda, el Yo real no tiene nada que ver con que alguien te preste atención. Nota la diferencia: el yo falso necesita que los demás te presten atención y el Yo real sólo necesita tu atención, sólo tu atención es suficiente.
Si vuelves tu atención hacia adentro, conocerás el Yo real. Si sigues buscando la atención de los demás, vivirás siempre en una entidad falsa que puede desaparecer en cualquier momento si no la alimentas continuamente. Tienes que sustentarla.

El ego no es una entidad. No es un sustantivo, es un verbo. Por eso estoy diciendo que está “egoando”. No puedes sentirte satisfecho por mucho tiempo con ninguna atención que se te preste, tienes que pedir y ansiar más. Tienes que seguir “egoando”; el ego sólo puede existir “egoando”. Es un proceso, ¡y es tan falso!, ¡y sus demandas son tan feas! Es una mentira. Te demanda más y más mentiras, y para gratificarlo tienes que volverte totalmente falso. Tienes que volverte una personalidad.

Una personalidad significa un fenómeno falso, una máscara. Tienes que convertirte en un actor; ya no eres una persona real, ya no eres más auténtico. No tienes ninguna sustancia, eres sólo una sombra. Y a causa de esta sombra existe siempre miedo a la muerte, porque esta sombra puede desaparecer en cualquier momento.
Tu banco puede entrar en quiebra e inmediatamente desapareciste: no eres nadie. Puedes perder tu poder porque hay otros competidores empujándote. Esta vida entera es un constante empujar y tironear, de ahí que exista tanta agonía.

¿Conoces la raíz de la palabra “agonía”? Viene de “ag”, “ag” significa empujar. Estás siendo empujado continuamente, y cuando te toca el turno, tú empujas a otros. Eso crea agonía.
El mundo entero vive con angustia y agonía. Sólo la persona que llega a conocer su Yo real va más allá de eso y entra en el mundo del éxtasis. Y esos son los dos estados: agonía y éxtasis.
Tú estás en agonía, como todos los demás. Y lo que buscas es éxtasis. Recuerda siempre, tus compromisos, tus ideologías, tus así llamados valores supremos, tus teologías, filosofías y religiones proveen contextos, a menudo contextos valiosos para la existencia individual. Pero no son lo que tú eres.

Tú ni siquiera eres tu cuerpo. Tú no eres tu mente. Tú no eres ni blanco ni negro, no eres ni indio ni alemán. No puedes ser definido de ningún modo, todas las definiciones serán insuficientes. Tú eres indefinible, eres algo que sobrepasa a todas las definiciones. Eres el cielo vasto en el que aparecen los planetas y aparece la Tierra y el sol y la luna y las estrellas... y en el que todos desaparecen... y el cielo permanece como ha permanecido siempre. El cielo no conoce el cambio. Tú eres ese cielo que no cambia. Las nubes van y vienen, tú estás siempre allí.
Cuando Ramana Maharshi estaba muriendo alguien le preguntó: “Bhagwan, pronto estarás dejando tu cuerpo, ¿adónde irás?” Él abrió los ojos, se rió y dijo: “¿Adónde puedo ir? He estado aquí, estaré aquí. ¿Adónde puedo ir, adónde? No hay ningún lugar a donde ir. Estoy en todos lados: he estado aquí y permaneceré aquí para siempre.”
Él está diciendo que ha llegado a conocer su ser como cielo: ya no es más una nube.
Si realmente quieres buscar el Yo real, no te apegues a ningún compromiso, a ningún programa, a ninguna idea. Permanece desapegado, flexible, fluido; no te estanques. Permanece siempre en un estado descongelado, no te congeles. En el momento en que te congelas tienes en tus manos algo falso, ha surgido una nube. Permanece derretido, no te comprometas con ninguna forma, con ningún nombre. Y entonces empieza a pasarte algo tremendo: por primera vez empiezas a sentir quién eres. La sensación no viene desde afuera, surge desde las profundidades de tu ser. Te inunda. Es luz, luz completa, es dicha, dicha completa. Es algo divino. Es otro nombre de Dios.

Nunca te cristalices, si te cristalizas en algo, estarás enjaulado. Permanece libre, permanece en libertad. Toda identidad crea fijación, y toda fijación, toda identificación, es un obstáculo. Cuanto más fija es tu identidad, menos capaz eres de experimentar. El asunto no es no tener una posición sino no identificarte con ella.
No estoy diciendo que no pienses. Sé inteligente, capaz de pensar, pero nunca te identifiques con ningún pensamiento. Usa el pensamiento como una herramienta, como un instrumento; recuerda que tú eres el amo. No apegarte a ninguna posición que puedas tener en un momento en particular es el comienzo del autoconocimiento. Uno es, uno experimenta el estar vivo en la medida en que pueda trascender las posiciones particulares y pueda asumir otros puntos de vista.
A eso me refiero con permanecer fluido, fluyendo. Uno debería estar disponible para el presente. Muere al pasado a cada momento, de modo que nada en ti permanezca fijo. No lleves un carácter alrededor de ti; todo carácter es una armadura, una prisión.
El verdadero hombre de carácter no tiene carácter... esto te sorprenderá. El verdadero hombre de carácter no tiene carácter, tiene conciencia pero no carácter. Vive momento a momento. Es responsable, pero responde a partir del momento, no a partir de contextos pasados. No lleva en su ser programas hechos. Cuantos más programas hechos tengas, más ego serás. Cuando no tengas ningún programa, nada ya hecho en ti, cuando seas a cada momento tan fresco como si hubieses nacido de nuevo... eso es para mí la libertad. Y sólo una conciencia libre puede conocer el Yo verdadero.

Ésta es la búsqueda. Ninguna otra cosa podrá satisfacer jamás. Todos son consuelos, y es mejor abandonarlos, es mejor tomar conciencia de que los consuelos no ayudarán.
A eso llamo sannyas: abandonar todos los consuelos, renunciar a los consuelos, no al mundo sino a los consuelos, renunciar a todo lo que es falso, volverse verdadero, volverse simple, natural, espontáneo. Ésa es mi visión de un sannyasin, la visión de la libertad total.
Y en esos hermosos momentos de libertad total, entran en ti los primeros rayos de luz, las primeras vislumbres de quién eres. Y la grandeza de esto es tal, y el esplendor es tal que te sorprenderás al encontrar que has estado llevando el reino de Dios dentro de ti, sin darte cuenta en absoluto y por tanto tiempo. Te sorprenderá que sea posible no conocer un tesoro tal. Dentro de ti hay un tesoro inagotable.

Jesús repite una y otra vez: “El reino de Dios está dentro de ti.” Llámalo el reino de Dios o el Yo supremo o el nirvana o como prefieras... ésa es nuestra búsqueda, la de todos, no sólo la de los seres humanos sino la de todos los seres. Hasta los árboles están creciendo hacia él, hasta los pájaros lo están buscando, hasta los ríos corren hacia él. Toda la existencia es una aventura.
Y ésa es la belleza de esta existencia. Si no fuese una aventura, la vida sería absolutamente aburrida. La vida es una celebración porque es una aventura.

Fragmento del discurso 12
Primera Pregunta

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