Prólogo
Con
esta publicación completamos los comentarios de Osho de
un bellísimo poema del siglo XI llamado “El Jardín
amurallado de la verdad”, conocido en árabe como
“Hadiqat”o “El Jardín” en español.
Dedicado a su maestro Laikur, fue escrito por el poeta y místico
Hakim Sanai en un estado espiritual, conocido para el mundo del
sufismo como fana, o absorción en lo supremo.
Las palabras aquí escritas fueron vertidas por Osho en
ese estado y nos recuerdan que más allá del éxito
o el fracaso, en lo más profundo de nuestro ser hay un
lugar que trasciende los sucesos, ese lugar es el Hadiqat, allí
va dirigido su mensaje.
Con un lenguaje claro y directo, en sintonía con el multifacético
nivel de su audiencia, y ahora de sus lectores, Él se dirige
a todos, no quiere que sus palabras se la lleve el viento, quiere
que lleguen hasta nuestros corazones.
Estos discursos nos ayudan a la tarea fundamental que debe realizar
todo buscador espiritual, ir de la cabeza al corazón, de
los otros a nuestra interioridad. Ser un sufi es haber adquirido
el vasto cielo de esta especial cualidad de consciencia. Para
hacer esa conversión, es necesario adquirir la temida confianza
de ir permanentemente transformando la oscuridad en luz, el miedo
en amor, la soledad en compañía.
Esta obra nos lleva directamente por ese camino a la esencia del
Sufismo. Mi tarea como terapeuta se ve inspirada y enriquecida
con ella al encontrar nuevos apoyos para comprender el peligro
más radical de este tiempo: la vida transformada en muerte.
El malestar, hecho de soledad, desconexión y olvido, de
aquello que no sabemos que olvidamos; que en el mundo de la psicología
se conoce como depresión, encuentra aquí un diagnóstico
y su cura.
Osho nos dice simplemente que el odio de Thanatos, nuestra fuerza
destructiva, no es otra cosa que la frustración del amor
de Eros, nuestra fuerza vital; que al verse interrumpida en su
camino de realización se desintegra. De ahí la urgente
necesidad de abrirnos nuevamente a la energía del amor,
que todo lo sana, que todo lo impulsa y que todo lo sostiene.
En la travesía que nos propone, somos llevados a trascender
y evolucionar como la consecuencia natural de saciar nuestras
necesidades. Para esto nos invita a asumir con valentía
nuestros anhelos, deshaciendo ideales religiosos y vergüenzas.
De este modo el viaje de ir “más allá de la
familia, el sexo, el dinero, o el prestigio” se transforma
en una travesía abarcante plena de contenidos.
Osho nos pide que seamos pacientes con aquello que nos desagrada
rescatando la energía del impacto y a su vez nos muestra
como una rebeldía genuina es nuestro escudo contra todas
las ideas y prácticas del pasado que intenta impedir nuestra
realización hacia el futuro.
De este modo real, libre de falsas
promesas y esperanzas, entramos nuevamente por la puerta principal
a la vida: el amor hacia nosotros mismos. Un amor libre de autoengaños,
y autodefiniciones. Un amor abierto que nos permite deslizarnos
a zonas inexploradas, a formas desconocidas; un amor que nos recrea
como guardianes del don de la vida y que nos impulsa a salir de
la enfermedad del aislamiento, construida en base a falsedad,
desconsideración y olvido. Esta es la cura que se nos ofrece
en la unio mystica.
Osho nos va dando sutilmente en
cada discurso líneas para dibujar el diseño de una
Psicología Sagrada. Trabaja en los nudos que hay dentro
nuestro hechos del rechazo al desarrollo de los procesos psicológicos
y espirituales, los disuelve y desenlaza con el poder de una fuerza
neutralizante: su mirada de amor. A todos aquellos que se acercan
con el corazón los ayuda a derretir el hielo de la separación.
Estos discursos no son sólo
una bendición sino que contienen la semilla de una iniciación
del sendero Sufi, nos guían a través de su claridad
a transformar la visión impura en visión pura y
de ahí a la transmisión. Con su compañía
podemos llegar nuevamente, de forma precisa y preciosa, a tierra
segura.
Una vez allí nos impulsan a no dormirnos al recordarnos
que a menos que algo de lo supremo se vuelva una indagación
y no una especulación, la vida se convertirá en
muerte. Nos despiertan de nuestro sueño infantil de ver
a Dios como una persona o una entidad y de este modo nos deslizamos
por nuestra autoridad interior hacia la más sutil de las
comprensiones.
Solamente un corazón despierto que conoce la danza de la
muerte y el asombro por su propio esfuerzo, puede mirar con la
claridad necesaria para saber que Dios es una Presencia que se
manifiesta cuando se disuelve la separación.
Osho nos indica con indescriptible bondad que lo Supremo vive
en la unión, que Dios es la unión y que toda vez
que sentimos una ligazón estamos creándolo y siendo
recreados, estamos viviendo en tajalli, manifestando a Dios.
También nos muestra en sus respuestas que hay tantas puertas
a Él como personas existen, indicándonos una dirección
definitiva: Dios no puede ser enseñado tiene que ser captado
por cada uno, y para llegar a este logro es necesaria una tremenda
sed por la Verdad.
Los Maestros Sufis dicen que un ser despierto se transforma cuarenta
veces en un día y un ser dormido se transforma una vez
cada cuarenta años. La diferencia está dada en la
apertura, el ser despierto vive en consonancia con el momento,
refrescándose, entregándose y nutriéndose
a cada momento, está empapado del instante; en cambio el
ser dormido viaja en sus sueños vacilantes.
Los que podemos reconocer algo de la diferencia entre un estado
y el otro, sabemos que aunque caigamos una y otra vez, la capacidad
de estar despiertos sigue perteneciéndonos; y el que asume
el sendero del discípulo, tarde o temprano se repone.
En el camino del sufismo caerse
y levantarse es el movimiento humano natural, nos nuestra un límite
y una intención, por eso como estudiantes siempre podemos
recordar la compañía y encontrar fuerza para sobreponernos,
habitando un universo hecho con la energía de la absorción:
nuestra intimidad con el Maestro. Siendo contagiados de consciencia
comprendemos una dimensión misteriosa e incuestionable:
podemos crear puentes de conexión con Él, podemos
llamarlo, pedir por su ayuda, entregarle nuestros problemas, nuestras
preguntas y nuestro corazón.
Los sufis lo llaman mehded, un encuentro de corazón a corazón
con el Maestro, una unidad donde el discípulo nunca está
solo, ni en el desierto ni en el mar, ni siendo el único
ni el último ser sobre la tierra. En la sutil profundidad
de esta relación, actúa la medicina que cura nuestra
vivencia de soledad, principio de todas nuestras dificultades
y sufrimientos.
El Maestro también nos cura por contagiarnos con su coraje
y alegría, nos recuerda nuestras capacidades y una moral
impregnada de crecimiento vital, acorde con nuestra naturaleza;
de esta forma nos prepara para madurar al sentimiento de ser elegidos
y sentirnos, a su vez, co-creadores del juego eterno de la vida.
Osho, conocedor de las Realidades Divinas que están escondidas
para el resto, las hace comprensibles mostrándonos el camino
más alto: la visión de la Unidad.
Así como lo común es hablar para una audiencia donde
se comparte una perspectiva, Osho habla para todo aquel que lo
necesite, personas de diferentes orígenes y niveles de
vida; todos encuentran su amistad y algunos se convierten en discípulos.
Estos serán impulsados a encontrar “el camino sin
camino”, el sendero que los conducirá a un bosque
nutrido de sabia virgen repleto de tesoros, y así como
cada uno tiene su propia y única forma, de acuerdo a sus
características y capacidades, también cada uno
tendrá su tarea que cumplir en un universo colectivo donde
“cada cosa es infinitas cosas” como nos dijo Borges.
Si miramos lo que nos rodea en la tierra como lo que nos abarca
en el cielo, solo veremos diferentes formas todas reunidas en
el contexto de los contextos: la gran unidad.
Esta obra es una invitación permanente a deleitarte en
esta sintonía, es la segunda parte de los discursos completos
publicados bajo el titulo de Unio Mystica, cada volumen puede
leerse por separado ya que si somos permeables siempre seremos
encontrados por la Palabra.
En medio de la catástrofe, Osho sigue haciendo el trabajo
de rescatar sobrevivientes, dejándolos en un lugar seguro
y en la posición más firme para ir hacia la peregrinación
eterna ... donde nos encontraremos una y otra vez, y otra vez
moviéndonos hacia zonas desconocidas, danzando y cantando
en una interminable caravana de deleite, asombro y celebración.
Todo mi amor y hasta la próxima.
Graciela Cohen
Ma Prem Nalini
Desde los altos de Luz de Luna
21 de marzo del 2005
Osho, ¿qué
estoy buscando?
El hombre es una búsqueda
del Yo, no un yo sino el Yo. El hombre está buscando constantemente
el paraíso perdido; en algún lugar, en lo profundo
de los seres humanos, persiste la nostalgia. Hemos conocido algo
que ahora es sólo un recuerdo muy distante. Este recuerdo
ni siquiera es consciente, le hemos perdido la pista, no sabemos
dónde está. Pero la fragancia sigue apareciendo.
Entonces, la religión
no es un fenómeno accidental. No va a desaparecer del mundo.
Ningún comunismo, ningún fascismo puede hacerla
desaparecer. La religión seguirá existiendo porque
es esencial. A menos que un hombre sobrepase a la humanidad, a
menos que un hombre se convierta en un Buda, la religión
sigue siendo relevante. Sólo para un Buda la religión
es irrelevante. Él ha llegado, ahora no necesita hacer
búsqueda alguna.
No hay búsquedas diferentes
para diferentes seres humanos. La búsqueda es única,
es una, es universal. Es la búsqueda del Yo, el Yo supremo.
Uno quiere saber: “¿Quién soy yo?”,
porque todo lo demás es secundario. Sin conocerse a sí
mismo cualquier cosa que uno haga carece de propósito.
A menos que sepa exactamente quién soy, toda mi vida será
fútil. No dará fruto, no florecerá, no tendrá
plenitud.
El primer paso tiene que ser el
autoconocimiento. Pero la paradoja es que si empiezas a buscar
un yo te perderás el Yo. Al decir “un yo” me
refiero al ego, al proceso de “egoar”. Ése
es un yo falso; como no podemos encontrar el Yo verdadero, empezamos
a crear el falso, sólo para consolarnos. Es un sustituto.
Pero el sustituto nunca puede volverse la verdad, el sustituto
se vuelve una atadura.
La verdad libera. Los sustitutos
de la verdad crean prisiones. El ego es la prisión más
grande que el hombre ha inventado hasta ahora. Todos se sienten
sofocados, aplastados. No es que alguien te lo esté haciendo,
tú mismo te lo estás haciendo. Has dado un paso
equivocado. En vez de buscar lo que es, has empezado a sustituirlo
por algo: por un juguete, por una cosa falsa. Podrá consolarte
pero no puede traer celebración a tu vida. Y todo consuelo
es suicida porque mientras permaneces consolado el tiempo se te
va escurriendo de las manos.
El Yo no es un yo. El Yo
es exactamente un no-yo: en él no hay idea de “yo”,
es universal. Todas las ideas surgen en él, pero no puede
ser identificado con ninguna de las ideas que surgen en él.
Todas las ideas surgen en él, todas las ideas se disuelven
en él. Es el cielo, el contexto de todos los contextos,
es el espacio en el que todo sucede. Pero el espacio mismo nunca
sucede: permanece, está siempre allí, y dado que
está siempre allí, es fácil perdérselo.
Dado que está allí tanto y está allí
siempre, nunca te das cuenta de su presencia.
Es como el aire, no te das cuenta
de su presencia. Es como el océano que rodea al pez: el
pez nunca toma conciencia de él. Es como la presión
del aire: la presión es tanta y siempre ha estado allí...
pero no te das cuenta. Es como la gravedad: es tanta... pero no
te das cuenta. Es como la Tierra dando vueltas y vueltas a gran
velocidad alrededor del sol: la Tierra es una nave espacial pero
nadie se da cuenta. Estamos a bordo de una nave espacial y está
andando a gran velocidad. Pero no nos damos cuenta.
La conciencia necesita de algunas
brechas. Cuando no hay brechas te quedas dormido; no puedes permanecer
consciente.
Si uno siempre ha sido sano,
no será consciente de la salud. La conciencia necesita
brechas: a veces no deberías estar sano, deberías
enfermarte, entonces podrías saber de qué se trata
la salud. Si en el mundo no hubiese oscuridad y sólo hubiese
luz, nadie habría conocido jamás la luz; la gente
se la habría perdido.
Es así como nos seguimos
perdiendo el Yo original, puedes llamarlo Dios o nirvana, no importa.
Los Sufis tienen dos palabras hermosas. Una es fana, fana significa
disolver el ego, disolver el sustituto falso. Y la otra palabra
es baqa, baqa significa la llegada, el surgimiento del Yo real.
El Yo real es universal. ¿Cómo
encontrarlo? No está lejos, entonces no tienes que hacer
un largo viaje hasta él. Está tan cerca que no se
necesita viaje alguno. Está dentro de ti. En vez de viajar
tendrás que aprender a sentarte en silencio.
De esto se trata la meditación:
sentarse en silencio sin hacer nada. Surgen pensamientos: tú
los observas. Surgen deseos: tú los observas. Permaneces
como observador. No te conviertes en una víctima de los
deseos y pensamientos que están surgiendo; permaneces como
observador. Permaneces como el contexto de todos los contextos,
permaneces como el espacio ante el cual todo aparece. Pero el
espacio nunca aparece ante sí mismo, no puede, es imposible.
El espejo no puede reflejarse a
sí mismo, los ojos no se pueden ver a sí mismos.
No puedo agarrar mi mano con la misma mano, es imposible.
Esto es lo más fundamental
que hay que recordar. Tú eres el observador y nunca lo
observado, tú eres el testigo y nunca lo testimoniado.
Eres pura subjetividad. Nunca apareces como objeto... ¿cómo
puedes aparecer como objeto frente a ti mismo? Cualquier cosa
que aparezca frente a ti, no eres tú.
Sigue eliminando los contenidos.
Sigue diciendo: “Neti, neti, no soy esto, no soy eso.”
Sigue eliminando, y llega un momento en que no queda nada por
eliminar. Hay puro silencio: ningún contenido se mueve
frente a ti, el espejo no refleja nada. Ese es el momento en que
el autoconocimiento surge en ti. Te vuelves iluminado.
Entonces debes recordar estas
cosas fundamentales: el Yo es un no-yo. El Yo no es personal,
es universal. El Yo es el espacio o contexto en el que aparece,
ocurre, surge todo lo “posicional” en la vida. Es
la pantalla de la vida, pero la pantalla misma nunca aparece en
la pantalla, no puede hacerlo. Todo lo demás aparece sobre
ella, ella misma permanece oculta. Es subjetividad pura.
Esta subjetividad pura es
la meta última que todos están buscando. Pero parece
difícil. Somos muy propensos a identificarnos con los contenidos.
Entonces, en vez de buscar lo real creamos algo irreal, lo cual
es fácil. Lo artificial siempre es fácil, puedes
fabricarlo.
Tu ego es un fenómeno
fabricado. Y una vez que has fabricado el ego... ¿Cómo
se fabrica el ego? “Soy hindú”: ahora estás
en camino de crear un ego. “Soy hermoso, soy inteligente,
soy esto, soy aquello.” Estás trayendo más
y más ladrillos para construir la prisión llamada
ego.
Y eso es lo que seguimos
haciendo durante toda nuestra vida. Gana más dinero, ten
una cuenta bancaria más grande, y tu ego se sentirá
más arraigado, más sostenido, más seguro.
Vuélvete famoso: cuanta más gente te conozca, más
grande pensarás que eres.
De ahí viene la constante
búsqueda de atención. Si nadie te presta atención,
te ves reducido a nada. Si caminas por la calle y nadie te saluda,
si la gente pasa a tu lado sin ni siquiera notarte, repentinamente
empiezas a sentir que la tierra desaparece bajo tus pies.
¿Qué ha pasado?
Que ellos no están alimentando tu ego. Las personas alimentan
el ego de los demás porque es así como ellas mismas
pueden ser alimentadas. Alguien dice: "¿Cómo
estás?" Realmente está diciendo: “Pregúntame
a mí cómo estoy.” Simplemente está
pidiendo gratificación mutua. Y las personas se gratifican
unas a otras. Nos sostenemos el ego mutuamente: alguien te alaba,
tú lo alabas en retribución.
Eso es lo que llamamos sociedad.
Depende de las satisfacciones mutuas; y la mayor de las satisfacciones
parece ser la gratificación del ego.
De ahí que la gente
esté tan interesada en la política, porque la política
puede gratificarte como ninguna otra cosa. Si te vuelves políticamente
poderoso todo el país estará en tu poder, todo el
país tendrá que prestarte atención. Puedes
imponer tu voluntad sobre la gente, tienes poder.
El poder de un político
es el poder de la violencia. Ahora controla todo el mecanismo
de la violencia, controla a la policía, controla al gobierno,
a los militares, controla todo. Puede imponer su voluntad sobre
ti. Es por eso que los políticos tarde o temprano tienden
a volverse violentos. En el fondo los políticos ansían
las guerras porque sólo en las guerras un político
se vuelve un “gran” político. Si miras la historia
te darás cuenta de esto.
Winston Churchill no habría
sido un líder tan grande si no hubiese habido una Segunda
Guerra Mundial. Ni Adolf Hitler habría tenido tanto poder
si no hubiese habido una Segunda Guerra, ni tampoco Mussolini.
La guerra creó el contexto: pudieron ser tan violentos
como fue posible. Pudieron masacrar gente, asesinar gente de a
millones.
La gente presta atención
inmediatamente cuando eres violento. Si vives una vida pacífica
ningún periódico publicará una nota sobre
ti en toda tu vida. Pero si matas a alguien o te suicidas, inmediatamente
estarás en los periódicos.
Hace pocos días, el Reverendo
Jones se suicidó junto con sus novecientos discípulos.
Nunca antes habías oído hablar de ese pobre hombre,
nadie sabía que existía alguien así. Ahora
todo el mundo sabe.
Ellos habían vivido
en esa comuna durante muchos años pero nadie les había
prestado atención. Es posible que si les hubieran prestado
atención, quizás no hubiesen tenido que recurrir
a un extremo tal, quizás no se hubiesen suicidado. Éste
fue su modo de hacer que todo el mundo sintiese su presencia:
es un modo muy patológico, muy feo, pero es el mismo fenómeno
otra vez. La gente está buscando el ego: si no lo pueden
encontrar siendo creativos, lo encontrarán siendo destructivos.
Si no lo pueden encontrar siendo un gran santo, lo encontrarán
siendo un gran pecador.
Alguien le preguntó
a George Bernard Shaw: “¿Adónde te gustaría
ir cuando mueras, al cielo o al infierno?” Él dijo:
“Depende.”
“¿Que quieres decir con ‘depende’?”
Él dijo: “Si en el cielo voy a ser el primero, entonces
al cielo. Si allí voy a ser el segundo, entonces no. Entonces
es mejor estar en el infierno pero ser el primero.”
Él está bromeando
pero está diciendo una verdad, una verdad acerca de ti,
una verdad acerca de toda la humanidad, acerca del modo en que
ésta vive por su ambición, por su “egoar”.Recuerda,
el Yo real no tiene nada que ver con que alguien te preste atención.
Nota la diferencia: el yo falso necesita que los demás
te presten atención y el Yo real sólo necesita tu
atención, sólo tu atención es suficiente.
Si vuelves tu atención
hacia adentro, conocerás el Yo real. Si sigues buscando
la atención de los demás, vivirás siempre
en una entidad falsa que puede desaparecer en cualquier momento
si no la alimentas continuamente. Tienes que sustentarla.
El ego no es una entidad. No es un sustantivo,
es un verbo. Por eso estoy diciendo que está “egoando”.
No puedes sentirte satisfecho por mucho tiempo con ninguna atención
que se te preste, tienes que pedir y ansiar más. Tienes
que seguir “egoando”; el ego sólo puede existir
“egoando”. Es un proceso, ¡y es tan falso!,
¡y sus demandas son tan feas! Es una mentira. Te demanda
más y más mentiras, y para gratificarlo tienes que
volverte totalmente falso. Tienes que volverte una personalidad.
Una personalidad significa un fenómeno
falso, una máscara. Tienes que convertirte en un actor;
ya no eres una persona real, ya no eres más auténtico.
No tienes ninguna sustancia, eres sólo una sombra. Y a
causa de esta sombra existe siempre miedo a la muerte, porque
esta sombra puede desaparecer en cualquier momento.
Tu banco puede entrar en
quiebra e inmediatamente desapareciste: no eres nadie. Puedes
perder tu poder porque hay otros competidores empujándote.
Esta vida entera es un constante empujar y tironear, de ahí
que exista tanta agonía.
¿Conoces la raíz
de la palabra “agonía”? Viene de “ag”,
“ag” significa empujar. Estás siendo empujado
continuamente, y cuando te toca el turno, tú empujas a
otros. Eso crea agonía.
El mundo entero vive con
angustia y agonía. Sólo la persona que llega a conocer
su Yo real va más allá de eso y entra en el mundo
del éxtasis. Y esos son los dos estados: agonía
y éxtasis.
Tú estás en
agonía, como todos los demás. Y lo que buscas es
éxtasis. Recuerda siempre, tus compromisos, tus ideologías,
tus así llamados valores supremos, tus teologías,
filosofías y religiones proveen contextos, a menudo contextos
valiosos para la existencia individual. Pero no son lo que tú
eres.
Tú ni siquiera eres tu cuerpo.
Tú no eres tu mente. Tú no eres ni blanco ni negro,
no eres ni indio ni alemán. No puedes ser definido de ningún
modo, todas las definiciones serán insuficientes. Tú
eres indefinible, eres algo que sobrepasa a todas las definiciones.
Eres el cielo vasto en el que aparecen los planetas y aparece
la Tierra y el sol y la luna y las estrellas... y en el que todos
desaparecen... y el cielo permanece como ha permanecido siempre.
El cielo no conoce el cambio. Tú eres ese cielo que no
cambia. Las nubes van y vienen, tú estás siempre
allí.
Cuando Ramana Maharshi estaba
muriendo alguien le preguntó: “Bhagwan, pronto estarás
dejando tu cuerpo, ¿adónde irás?” Él
abrió los ojos, se rió y dijo: “¿Adónde
puedo ir? He estado aquí, estaré aquí. ¿Adónde
puedo ir, adónde? No hay ningún lugar a donde ir.
Estoy en todos lados: he estado aquí y permaneceré
aquí para siempre.”
Él está diciendo
que ha llegado a conocer su ser como cielo: ya no es más
una nube.
Si realmente quieres buscar el Yo real, no te apegues a ningún
compromiso, a ningún programa, a ninguna idea. Permanece
desapegado, flexible, fluido; no te estanques. Permanece siempre
en un estado descongelado, no te congeles. En el momento en que
te congelas tienes en tus manos algo falso, ha surgido una nube.
Permanece derretido, no te comprometas con ninguna forma, con
ningún nombre. Y entonces empieza a pasarte algo tremendo:
por primera vez empiezas a sentir quién eres. La sensación
no viene desde afuera, surge desde las profundidades de tu ser.
Te inunda. Es luz, luz completa, es dicha, dicha completa. Es
algo divino. Es otro nombre de Dios.
Nunca te cristalices, si te cristalizas
en algo, estarás enjaulado. Permanece libre, permanece
en libertad. Toda identidad crea fijación, y toda fijación,
toda identificación, es un obstáculo. Cuanto más
fija es tu identidad, menos capaz eres de experimentar. El asunto
no es no tener una posición sino no identificarte con ella.
No estoy diciendo que no
pienses. Sé inteligente, capaz de pensar, pero nunca te
identifiques con ningún pensamiento. Usa el pensamiento
como una herramienta, como un instrumento; recuerda que tú
eres el amo. No apegarte a ninguna posición que puedas
tener en un momento en particular es el comienzo del autoconocimiento.
Uno es, uno experimenta el estar vivo en la medida en que pueda
trascender las posiciones particulares y pueda asumir otros puntos
de vista.
A eso me refiero con permanecer
fluido, fluyendo. Uno debería estar disponible para el
presente. Muere al pasado a cada momento, de modo que nada en
ti permanezca fijo. No lleves un carácter alrededor de
ti; todo carácter es una armadura, una prisión.
El verdadero hombre de carácter
no tiene carácter... esto te sorprenderá. El verdadero
hombre de carácter no tiene carácter, tiene conciencia
pero no carácter. Vive momento a momento. Es responsable,
pero responde a partir del momento, no a partir de contextos pasados.
No lleva en su ser programas hechos. Cuantos más programas
hechos tengas, más ego serás. Cuando no tengas ningún
programa, nada ya hecho en ti, cuando seas a cada momento tan
fresco como si hubieses nacido de nuevo... eso es para mí
la libertad. Y sólo una conciencia libre puede conocer
el Yo verdadero.
Ésta es la búsqueda.
Ninguna otra cosa podrá satisfacer jamás. Todos
son consuelos, y es mejor abandonarlos, es mejor tomar conciencia
de que los consuelos no ayudarán.
A eso llamo sannyas: abandonar
todos los consuelos, renunciar a los consuelos, no al mundo sino
a los consuelos, renunciar a todo lo que es falso, volverse verdadero,
volverse simple, natural, espontáneo. Ésa es mi
visión de un sannyasin, la visión de la libertad
total.
Y en esos hermosos momentos
de libertad total, entran en ti los primeros rayos de luz, las
primeras vislumbres de quién eres. Y la grandeza de esto
es tal, y el esplendor es tal que te sorprenderás al encontrar
que has estado llevando el reino de Dios dentro de ti, sin darte
cuenta en absoluto y por tanto tiempo. Te sorprenderá que
sea posible no conocer un tesoro tal. Dentro de ti hay un tesoro
inagotable.
Jesús repite una y otra
vez: “El reino de Dios está dentro de ti.”
Llámalo el reino de Dios o el Yo supremo o el nirvana o
como prefieras... ésa es nuestra búsqueda, la de
todos, no sólo la de los seres humanos sino la de todos
los seres. Hasta los árboles están creciendo hacia
él, hasta los pájaros lo están buscando,
hasta los ríos corren hacia él. Toda la existencia
es una aventura.
Y ésa es la belleza
de esta existencia. Si no fuese una aventura, la vida sería
absolutamente aburrida. La vida es una celebración porque
es una aventura.
Fragmento del discurso 12
Primera Pregunta
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