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DESIDERATA - GUÍA ESPIRITUAL

Indice

  • DesiderataPrólogo
  • Poema
  • Discurso 1 - Camina plácido
  • Discurso 2 - Volviéndose esencial
  • Discurso 3 - Cuando estás lleno de vida…
  • Discurso 4 - No compares
  • Discurso 5 - Dios jamás repite
  • Discurso 6 – El círculo virtuoso
  • Discurso 7 - Crea un contexto
  • Discurso 8 - Yo te digo: ¡Regocíjate!
  • Discurso 9 - Sé tú mismo
  • Discurso 10 - La duda es una espada
  • Discurso 11 - Las creencias son mentiras
  • Discurso 12 - El hombre total
  • Discurso 13 - Criatura del universo
  • Discurso 14 - El único milagro
  • Discurso 15 - Bésame o mátame
  • Discurso 16 - ¡Que sea una sorpresa para mí!

 

   
   
 
   
   

 

Poema

Camina plácido en medio del ruido y de la prisa

y piensa en la paz que se puede encontrar en el silencio.

En tanto sea posible y sin transigir

mantén buenas relaciones con todas las personas.

Enuncia tu verdad en una manera serena y clara;

y escucha a los demás,

incluso al torpe y al ignorante;

también ellos tienen su propia historia.

 

Esquiva a las personas ruidosas y agresivas,

pues son un fastidio para el espíritu.

Si te comparas con los demás,

te volverás vano y amargado,

pues siempre habrá personas más grandes

y más pequeñas que tú.

 

Disfruta de tus éxitos lo mismo que de tus planes.

Mantén el interés en tu propia carrera,

por humilde que sea; ella es un verdadero tesoro

en el fortuito cambiar de los tiempos.

 

Sé cauto en tus negocios,

pues el mundo está lleno de engaños,

mas no dejes que esto te vuelva ciego

para la virtud que existe.

Hay muchas personas que se esfuerzan

por alcanzar nobles ideales.

 

La vida está llena de heroísmo.

Sé sincero contigo mismo,

en especial no finjas el afecto y no seas cínico en el amor,

pues en medio de todas las arideces y desengaños,

es perenne como la hierba.

 

Acata dócilmente el consejo de los años,

abandonando con donaire las cosas de la juventud.

Cultiva la firmeza del espíritu

para que te proteja en las adversidades repentinas.

 

Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad;

sobre una sana disciplina, sé benigno contigo mismo.

Tú eres una criatura del universo, no menos que las plantas y las estrellas;

tienes derecho a existir, y sea que te resulte claro o no,

indudablemente el universo marcha como debiera.

 

Por eso debes estar en paz con Dios,

cualquiera que sea tu idea de Él,

y sean cualesquiera tus trabajos y aspiraciones,

conserva la paz en tu alma,

en la bulliciosa confusión de la vida;

aún con toda su farsa, monotonía y sueños fallidos,

el mundo es todavía hermoso.

Mantén la alegría. Esfuérzate por ser feliz.Volver al índice


 


Prólogo

 

Cada libro que editamos se convierte en una travesía santa, esta serie de discursos trata acerca de la necesidad de descubrir lo esencial.

En el camino de ser, los hilos con los que nos unimos a la existencia llevan los nombres de las cualidades esenciales con las que recobramos y recordamos el sentido de vivir. Encontrar esas fuerzas es fundamental ya que esta es la manera que tenemos de crear los lazos que nos ligan a nosotros mismos y a los otros con simpleza y amor.

Cada vez que descubrimos lo que es esencial para nosotros, logramos decifrar parte de un enigma. Nuestra alma está hecha de esencias, por eso crea, imanta y abre, impregna con sutileza, preserva, engrandece, proteje, guarda, es de difícil acceso, perdona con sencillez, provee, eleva, da vida a la vida, recuerda y pone cada cosa en su lugar, restaura, aproxima, aleja, guía, hereda y da a cada cosa su tiempo.

Osho nos encuentra como ciegos tirando piedras a un blanco en el vacío, o sea nunca llegando a un centro. Si logramos aprender de su visión obtendremos claridad en la mirada y elementos para la construcción de un puente personal hacia nuestro ser.

Con dulzura en sus palabras sabemos que el día es breve y que en nombre de lo esencial hay que vivirlo lo más profundamente posible porque así como el viento siempre va al encuentro de las hojas, nuestra vida también un día volará.

De todas las maneras nos dice: ¡Prefieran el presente! ¡Busquen el presente! ¡Encuentren lo esencial! ¡No se dejen atrapar en lo no-esencial!

¡Descubran los huesos, la sangre y las risas de la vida! Él no nos quiere para él, por eso nos devuelve a la existencia y se hace imposible dejarlo.

El alma lo extrañaría demasiado.

El Maestro en su profunda compasión y llevado por su irresistible necesidad de compartir, hace el tremendo esfuerzo de separarse de su Silencio. Lo sin- palabras debe ser forzado dentro de la palabra.

Osho dice: «... Y las palabras son cosas pequeñas, y la experiencia es tan vasta como el cielo ... ni siquiera el cielo es el límite.

Naturalmente, mucho se perderá. Primero era todo el cielo con todas las estrellas ... con toda su infinitud y su eternidad. Ahora es solamente una pequeña ventana con un marco hecho por el hombre.»

Y el Maestro mira a miles buscando entre las sombras, entre la confusión y la desdicha, como fue su propia experiencia alguna vez, y ahora puede dar ayuda para poner en marcha un proceso de curación, indicar un camino, mostrar algo más grande. Osho se multiplica de infinitas maneras para comunicarse con las personas a las que quiere llegar, para conmover sus corazónes canta, y comunica su canción para que el balbuceo de cada uno comience a activarse. Con palabras esenciales muestra lo esencial, con risas despeja del exceso de seriedad, con amor, nos ayuda a ir más allá de mirar su dedo y nos invita a ver en dirección al cielo ilimitado.

Osho dice: «En el momento en que dices algo no es sólo una palabra: detrás de ella hay un ser vivo, lleno de dicha, lleno de experiencia, tan lleno que está desbordante. Sus palabras pueden llevar muchas cosas hacia ti ... cruzando todas las fronteras; hay una posibilidad de llegar ...»

Mi tarea como editora es una y otra vez hacer que sus discursos en forma de libros conserven algo de esto. Entonces, para mí, cualquier pureza es un aporte.

Pedí autorización al Maestro Yilmaz Enes a través de su amigo Hanafi Kirgiz, para ilustrar con ‘ebru’ estos discursos, y respondió con total generosidad.

El ‘ebru’ es una pintura meditativa realizada en el agua, un romance misterioso de elementos esenciales, de tintas vegetales de colores mágicos, moviéndose en la superficie del agua y manifestando formas únicas que se imprimen. Se llama a esta pintura también «la estética del amor». Los tulipanes del libro están hechos de este modo, elegí estas flores porque se las consideran, con las rosas, flores del jardín celestial según decían los otomanos, que lo primero que construían en sus casas era el jardín.

Las caligrafías, son letras dibujadas con las que se expresan las palabras reveladas y fueron siempre acompañadas con modestia por el ‘ebru’.

En el caso del Desiderata, el poema fue escrito especialmente por el Profesor Turan Sevgili maestro calígrafo, trabajo que hubiera sido imposible de realizar sin la traducción del inglés al turco por su amigo Mustafa y el apoyo de Abdul Yalil.

Sería imposible en el espacio de una introducción hablar en detalle de la sincronicidad y el amor presentes en la construcción de este libro.

Hechos, amigos y casualidades se han ligado fortaleciéndonos en un alma común, y ligándonos en la danza de la realidad de la vida.

Si con nuestro trabajo podemos salvar solamente una semilla del jardín del Maestro estamos dichosos, porque nos contó la gente de buen corazón que una sola semilla puede hacer verde toda la Tierra.

 

Gracias a todos, especialmente a Ma Ananda.

 

Graciela Cohen

Ma Prem NaliniVolver al índice

 


Texto
Amado Osho: ¿Podrías hablarnos acerca de la confianza?

 

La confianza es un misterio eso es lo primero para entender acerca de la confianza. Por eso no puede ser explicada. Puedo darte algunas indicaciones, unas pocas sugerencias, pero no puede ser descripta o definida ... sólo dedos apuntando a la luna.

Es la forma más alta de amor, es el núcleo esencial del amor. El amor mismo es un misterio que no puede definirse, y el amor es como una circunferencia y la confianza es su centro mismo, su alma. El amor es como el templo y la confianza es el altar más interior del templo, donde está situado Dios.

Por lo común la gente piensa que confianza significa fe; eso es erróneo. Confianza no significa fe. La fe es emocional, sentimental. La fe crea fanáticos. Los hindúes, los musulmanes, los cristianos, éstas son las personas que tienen fe. La confianza crea solamente una cualidad de religiosidad. La confianza jamás vuelve a nadie hindú o musulmán o cristiano. La fe es prestada –se toma prestada de los padres, de la sociedad en la que naces. La fe es un accidente. Vives en fe por miedo o por codicia, pero no por amor. La confianza es por amor.

La fe es un condicionamiento, impuesto; es una esclavitud. El hombre de fe es un prisionero. Puede ser que lo sepa, puede ser que no lo sepa. Puede ser que haya estado viviendo en un palacio muy hermoso, pero está aprisionado en él. La prisión puede estar muy bien decorada –con Biblias y Coranes y Vedas y Gitas- puede ser que esté hecha de hermosas doctrinas, filosofías, ideologías, pero es una prisión porque no has entrado en ella por ti mismo; te han forzado a que entres.

 

Yo era un niño pequeño y mi padre me llevaba al templo, y yo siempre me resistía. Le decía: “Me quedaré afuera del templo, entra tú.”

Él me decía: “Pero ¿por qué no puedes entrar tú?

Yo le decía: “ Cuando yo tenga ganas de entrar entraré, pero no tengo ganas de entrar. ¡Es tan lindo aquí afuera! ¿Por qué tengo que entrar? ¡Y no le veo el sentido para nada! Los árboles afuera, los pájaros cantando afuera, el sol. ¡Es tan hermoso! Te esperaré aquí. Si tú eliges estar adentro y sentarte en ese lugar cerrado y sin ventanas, ésa es una elección tuya.”

Mi padre trataba de convencerme pero jamás lo lograba. Todos los padres lo intentan, y no es mala la intención, pero las intenciones inconscientes, aún si son buenas, no sirven de mucho. Dificultan, perjudican. Una intención puede realmente ser buena sólo cuando es consciente, de otro modo se crean prisiones, y tú te apegas a las prisiones. Es muy difícil.

Aún un hombre como Bertrand Russell, que no cree en el cristianismo, ha confesado que, aunque dejó de creer en el cristianismo, si de pronto alguien le pregunta, “¿Quién fue más grande Buda o Cristo?”, en algún lugar en lo profundo él sabe que Buda es más grande, pero contestará, “Cristo”. Esa educación cristiana ... aún la mente que ha sido abandonada ha dejado cicatrices.

Él dice, “Cuando pienso en esto, cuando estoy alerta, puedo ver la grandeza de Buda. Comparado con Buda lo que dice Cristo parece común –pero eso es cuando estoy alerta, cuando no estoy alerta, si me despiertan de repente y me preguntan, seguramente diré Cristo, en algún lugar me hiere poner a Buda por encima de Cristo.”

Y yo puedo comprender su dificultad. La misma dificultad que tendría un budista. Puede ser que esté convencido de que Cristo es mucho mejor, puede ser que esté convencido de que el sacrificio de Cristo es más grande que el de Buda, pero en lo profundo de su inconsciente está allí el entrenamiento, el condicionamiento, no puede poner a ninguna otra persona por encima de Buda.

 

Un académico jaina que era discípulo de Mahatma Gandhi escribió un libro acerca de Mahavira y Buda y me mostró el manuscrito. Me dijo, “Estoy tratando de hacer una síntesis de las dos religiones.”

Yo miré el título y le dije, “No lograrás hacer una síntesis, no podrás hacer una síntesis. ¡Solamente basta con ver tu título!”

Él dijo, “¿Qué puedes saber por el título?”

El título era Bhagwan Mahavira y Mahatma Buda. Le dije, “¿No puedes llamarlos Bhagwan a los dos?” “Mahatma” significa hombre muy grande, pero aún así, hombre, y “Bhagwan” significa alguien que ha ido más allá del hombre. Le dije, “¿Cómo puedes llegar a una síntesis? ¡Ya has discriminado!”

Él se sorprendió y dijo, “Le mostré mi libro a mucha gente -nadie ha señalado eso. Se lo mostré a grandes académicos, a eruditos, y todos lo han valorado.”

Le pregunté, “¿Se lo mostraste a algún budista?”

Él dijo, “No.”

Le dije, “Muéstraselo a cualquier budista y verá la ofensa que le has hecho a Buda. Pregúntale qué sugeriría él. Te dirá, “Escribe Bhagwan Buda y Mahatma Mahavira- ¡Cámbialo!”

 

¿Qué es Mahavira comparado con Buda para un budista? Pero para un jaina, Mahavira es más grande. Buda llega muy cerca, pero solamente cerca; todavía hay una distancia. Puede ser de sólo un paso, pero esa distancia tiene que estar allí. Están involucrados nuestros egos.

La fe es egoísta, por eso es fanática. La fe es prestada, por eso es fea. La fe es una esclavitud porque te la han impuesto a través de sutiles estrategias. No es confianza. La confianza es un fenómeno totalmente diferente, con una sabor diferente. No es tu propio crecimiento que te lleva a la confianza; es tu propia experiencia, es tu propio conocer. La fe sucede a través del condicionamiento y la confianza sucede a través del descondicionamiento. Debes abandonar la fe antes de poder alcanzar la confianza.

Y la segunda cosa para recordar: la confianza tampoco es creencia. La creencia es una treta de la mente para reprimir la duda. El hombre nace con muchas dudas, con millones de dudas, y es natural, es un don de Dios. La duda es un don de Dios, pero te crea problemas. Si empiezas a dudar...y puedes dudar de todo, tu vida será un conflicto constante; tendrás que transigir. Si naces entre cristianos tienes que creer; si no crees vas a estar en dificultades.

¿Por qué fue crucificado Jesús? Por la simple razón de que se negó a creer; trató de experimentar. En la Biblia falta por completo la mayor parte de su vida; faltan dieciocho años. Y en una vida de treinta y tres años, dieciocho años es un período largo. Se lo menciona al principio cuando tiene doce años y después se lo menciona cuando tiene treinta años, y a los treinta y tres es crucificado.

¿Qué ocurrió entre los doce y los treinta años? ¿Dónde estaba? Durante esos dieciocho años Jesús vivió con muchos maestros, se movió en muchas escuelas esotéricas. En particular, vivió en una escuela secreta, la de los esenios; toda su enseñanza proviene de esa escuela secreta. Pero esos dieciocho años fueron en su totalidad de profunda meditación, experimentación; fue a los más profundo de su ser. Cuando llegó a saber por sí mismo lo que es la verdad... había confianza, no era creencia.

Hay que merecerse la confianza; la creencia es un sustituto barato. La creencia significa que le tienes miedo a la duda, porque la duda causa problemas, y la duda te mantiene en un estado de confusión. Y no tienes suficiente coraje como para vivir en un estado de caos, en la anarquía -y eso es lo que crea la duda. Así que de inmediato reprimes la duda, y la manera de reprimirla es creer.

El camino hacia la confianza es la duda, y la duda es hasta el final mismo. ¡Sigue hasta el final! No reprimas tu duda en ningún punto, de otro modo te perderás la confianza. La confianza surge de la duda, no reprimiéndola sino experimentando la duda hasta su extremo último.

Cuando sigues dudando y dudando y dudando, llega el momento en que todas las creencias son destruidas por las dudas, toda fe se evapora al calor de la duda, y todo lo que queda es tu ser. Ahora no hay nada de lo que dudar, la duda muere, se suicida, porque no existe nada que la mantenga andando, nada que la alimente ya más.

Ése ha sido mi camino. Yo no llegué a través de la creencia, llegué a través de la duda. Es mejor comenzar como alguien que duda mucho que como un creyente, porque el creyente permanecerá falso siempre; siempre seguirá siendo superficial, poco profundo. La creencia jamás puede ser más que superficial: rasca un poquito y allí, inmediatamente, está la duda. La confianza necesita persuasión continua; la duda debe ser usada como herramienta de persuasión. Hasta que llegues a tocar todo el fondo de piedras...

 

Un tenor estadounidense estaba haciendo su debut de ‘Pagliacci’ en la Ópera Scala de Milán. Cuando terminó la fascinante aria ‘Vesta la Giubba,’ el público aplaudió, y Carbogno, un hombre mayor sentado en la platea, se puso de pie y exclamó, “¡Cántala otra vez!”

El tenor, encantado con el pedido, hizo un bis. Carbogno, el fanático de la ópera, nuevamente se puso de pie e imploró, “¡Cántale otra vez!”

Después de cinco bises, el tenor fue hasta el borde del escenario y dijo, “Gracias por su calurosa recepción.”

Nuevamente el viejo gritó, “¡Cántala otra vez!”

“Lo lamento, señor,” dijo el cantante, “Tenemos que continuar, no puedo cantarla otra vez.”

“¡Sí!” exclamó el fanático de la ópera. “Cántala de nuevo hasta que la cantes bien!”

 

 

Hay que seguir y seguir dudando -¡Hasta que la cantes bien!

La duda es una espada: corta todas las creencias, pero es un camino peligroso. Es inevitable que el camino a la verdad sea peligroso porque la verdad es la última cima. Cuanto más alto avanzas hacia el Everest, más peligroso es el territorio en el que entras. Un solo paso en falso y perderás el camino para siempre.

La verdad libera, pero para alcanzar la verdad, en tu escalada hacia las alturas, tienes que atravesar un pasaje muy estrecho. Por eso millones de personas deciden vivir en sus valles oscuros y creen que “el Everest existe y está bañado por el sol y hay una tremenda belleza, porque Jesús ha llegado allí, Buda ha llegado allí. Podemos creerles a ellos. ¿Qué necesidad hay de ir allí? Podemos vivir confortablemente en nuestros valles oscuros. No es necesario que corramos ningún riesgo.”

Pero sin riesgo no hay verdad, sin riesgo no hay vida. Tienes que aprender a arriesgar, tienes que ser un apostador.

Si dudas y sigues dudando, llega un momento en el que todo en lo que creíste alguna vez desaparece, se evapora. Es casi un estado de locura. En cualquier momento puedes caerte en el abismo que te rodea. Si te caes, es un estado de depresión. Si te mantienes alerta y consciente, si observas con cautela, entonces es un nuevo comienzo.

La confianza es el último comienzo, la última apertura: te ayuda a que conozcas la verdad por ti mismo. Y la verdad libera sólo cuando es tuya; la verdad de otra persona no puede liberar a nadie. Crea esclavitud y nada más. 

Fragmento del discurso 10

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